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jueves, 20 de junio de 2019

Epitafio para el Wiki (16/12/2008 - 19/06/2019)


Wiki perro, fuiste el testigo más fiel del arduo trabajo digital de tu prójimo amo, compañero entrañable de caminatas diarias, de piruetas mareadoras laboriosamente autistas, todas sobre tu propio eje. Un sujeto de piel de elefante y cola de hipopótamo que si a alguien hiciste algún mal, lo hiciste sin saberlo. Amante de perseguir urracas, que de 5 millones y medio de intentos, lograste de por vida tan solo dos capturas. Azote efectivo de ''zorros'' y de tlacuaches.  Conato de can que de pliegues los tenías todos, el ardor te gobernó hasta la sangre y de por vida por un hongo perverso y crónico que afiladas garras nunca apaciguaron. Muros y chaflanes bien perfilados dejas por rascarte hasta la médula y que hoy se reivindican a la posteridad para, sobre toda añoranza,  tenerte a ti en el pensamiento. Te nos fuiste al amanecer de cualquier día, que al llamado al asfalto tibio para la caminata cotidiana, tu ausencia fue instantánea al no advertirse ni tu trompa, ni tu arruga colgante ni tus garras golpeteando la loseta. Buen día no lo fue desde un principio, lo fue más tarde al sentirte en paz con tu partida. Vuelas ya en las alturas donde a  istmo de fauce tendrás cientos de urracas, libre ya de comezón y repleto de sabiduría canina, gran Wiki querido, gracias por tu compañia.

Rodrigo Antonio......






sábado, 11 de mayo de 2019

Los Menéndez de Yucatán....

Miércoles 12 de mayo de 1869, Puerto Sisal, Yucatán: Atraca la goleta Isabelita proveniente de La Habana.





Los Menéndez de Yucatán.....

Se cumple este 12 de mayo el sesquicentenario (1869 - 2019) de la llegada  al puerto de Sisal, Yucatán, México, de los hermanos Menéndez De la Peña, Rodolfo y Antonio, y de la esposa de este último, Ángela González Benítez, a bordo de la goleta Isabelita. 


Habían zarpado en el velero del puerto de La Habana el 10 de mayo escapando a la acción de las autoridades españolas que los acosaban por su vínculo con los independentistas cubanos, convocados  en 1868 por Carlos Manuel de Céspedes al grito de ¡"Independencia y Libertad"! (el llamado Grito de Yara) que propiamente inició la Guerra de los Diez Años, misma que fue insuficiente para liberar a la isla del imperio al que estaba sujeta.

Hicieron la travesía con un grupo encabezado por sus abuelos maternos, José Antonio De la Peña y Múgica y Antonia Pérez de De la Peña. Venía también la hermana, Sofía Menéndez De la Peña, que habría de fallecer enferma de tuberculosis unos cuantos años después en la ciudad de Mérida. Antonio Menéndez, el mayor de los hermanos, había contraído nupcias el 30 de abril de 1869, días antes del viaje, con Ángela González. Todos ellos, con unas quince personas más, miembros de la familia De la Peña, cruzaron esa ocasión el Canal de Yucatán tomando rumbo al Suroeste con la intención de iniciar una nueva vida. 

Rodolfo Ménendez nos relata acerca del viaje en sus notas biográficas, escritas en 1908. Cuenta cómo el azar determinó el destino de la familia: el abuelo quien pagó el viaje a todos, había considerado en sus planes de huida dirigirse al Canadá, pero en la búsqueda del barco que los hubiera trasladado al puerto de Halifax se topó con un doctor, Méndez de apellido, yucateco de origen, que lo convenció con diversos argumentos de que deberían encaminarse hacia la cercana península.  "A poca distancia de Cuba -le dijo-, hay un país, sano, bueno y hospitalario: la vida allí es barata, la gente sencilla y laboriosa. En ninguna parte pueden estar mejor que allí. Ese país es mi patria, Yucatán. La Isabelita es una goleta que hace viajes a Sisal: está hoy en puerto, pues llegó ayer; si usted quiere, puede fletarla, ahí cabe perfectamente toda la familia. En Yucatán estarán como en su propia tierra y a un grito de Cuba. Allí hay varios cubanos y han sido muy bien recibidos. Más aun -agregó- "mi hermano Terencio les recibirá a ustedes y les ayudará en todo cuanto sea necesario". El abuelo recapacitó y cambió el rumbo de la fuga familiar..... y al hacerlo, el destino vital de todos sus acompañantes.... Dio pábulo así a las generaciones de Menéndez, los de Yucatán, que los sucedieron. Ya han transcurrido seis de ellas y corre la séptima con el nombre y los genes, cada vez más diluidos es cierto, de quienes llegaron aquel día a la costa yucateca, hace ciento cincuenta años.


Podemos imaginar la expectativa y la incertidumbre que reinó al momento de la llegada de aquel grupo de cubanos descendientes de españoles. Abuelo y abuela al frente de una larga prole de más de veinte personas que incluía a un pequeño de un año de edad, adentrándose en un territorio ignoto para ellos. Podemos sentir cómo esa incertidumbre se fue instalando en el ánimo de los protagonistas al descubrir que  en aquel entonces (1869) Yucatán estaba sumido en las tensiones de la  Guerra de Castas  iniciada hacía doce años  (no terminaría sino hasta empezado el siglo XX).  Podemos percatarnos, en fin, del desasosiego de los recién llegados cuando descubrieron que bajo la gubernatura de José Apolinar Cepeda Peraza, hermano del general Manuel Cepeda Peraza quien acababa de morir después de haber restaurado la república juarista en la península al derrotar por las armas a las fuerzas militares del segundo imperio mexicano, se manifestaba clara una crisis política que mantenía los ánimos públicos crispados, por decir lo menos, en medio de una severa atonía económica. Todo ello lleva en suma a pensar que nuestros antepasados, a su arribo a la nueva patria tuvieron seguramente un recibimiento muy diferente al que el señor Méndez les había augurado como cierto y seguro en La Habana, unos cuantos días antes. Debieron sin duda pasar por tiempos difíciles.


Al pisar tierra peninsular el grupo se dispersó. Los hermanos varones Menéndez De la Peña, con Ángela, mujer de Antonio, llegaron a Mérida, la capital del estado, y decidieron mientras se daban a conocer como lo que eran, maestros titulados de primera instrucción, iniciar un pequeño negocio de tabaco en el que tenían alguna experiencia por haber trabajado en ello en San Juan de los Remedios, su tierra natal. Se instalaron en un local, ahí entre la esquina de La Tucha y La Tortuga. "Eso daba poco. No encontrábamos trabajo y como nadie nos conocía y la situación financiera del país era muy difícil, parecía segura nuestra ruina", refiere Rodolfo en sus memorias. Así habrán mal pasado nuestros personajes sus primeros tiempos en la tierra de su adopción. El menor de los Menéndez, Rodolfo, confiesa que se desesperó y decidió volver a Cuba unos cuantos meses después de haber salido, con la intención de reincorporarse a la lucha libertaria. No regresaría a Yucatán sino hasta 1873, cuatro años después, al verse amedrentado por las circunstancias más adversas que encontró en la isla y frustrado por la esterilidad de los esfuerzos empeñados.

Se reencontraron por fin los hermanos Menéndez De la Peña en Valladolid, una de las ciudades de Yucatán en las que se vivió de forma más cruenta y con mayor intensidad el conflicto social que representó la Guerra de Castas, y donde ya para entonces vivían Antonio y Ángela, ejerciendo ambos su profesión, enseñando a leer y a escribir a la niñez maya del oriente del estado y siendo ella la directora de la escuela para señoritas La Esperanza. Un poco antes, en una escala de su periplo yucateco, viviendo en Tixkokob, habían nacido sus primeros hijos... ya mecían la cuna de su descendencia en el Mayab, lo que desde luego les daba carta de naturalidad en su nueva patria. Rodolfo, en 1875 encontró compañera ahí mismo, en Valladolid: Flora Mena y tendrían su primera hija, Libertad, que nació en esa ciudad oriental.  Las dos familias encontrarían hacia 1878 un proyecto más integral en Izamal decidiendo mudarse a esa "ciudad de los cerros", donde nacerían otros de sus hijos.  Retornaba la certidumbre y la estabilidad al ánimo de los nuevos yucatecos. A partir de entonces sintieron definido, ya para siempre y hasta sus respectivas muertes, el proyecto común de altruismo y el trayecto inmutable como pedagogos y servidores de la instrucción pública que los animó hasta convertirse en Yucatán, cada uno de ellos, por su propio mérito, en faros de luz y sabiduría, proyectándose desde la humildad de sus respectivas vidas hasta la eternidad de la gratitud yucateca que 150 años después de su llegada les sigue rindiendo homenaje. 

Los hijos de Antonio y de Ángela fueron: Yara, Carlos, Bolivia, Sofía, Antonio, Antonio (2), Óscar.

Los hijos de Rodolfo, quien tuvo dos matrimonios, el primero con Flora Mena Osorio, vallisoletana, fueron: Libertad, Rodolfo; Conrado, Conrado (2), Hidalgo, Estrella, Américo, Flora, Héctor e Iván. Tras el fallecimiento de Flora Mena en 1901,  Rodolfo volvió a casarse en 1903 con Nemesia Rodríguez y Castillo, originaria de Sotuta, con la que procreó tres hijas: Corina, Cordelia y Leticia.



A esta fecha, todas las personas señaladas anteriormente, primera generación de los Menéndez de Yucatán, han fallecido. Están en el reino de los vivos 6 generaciones descendientes de aquellos mencionados y de los aguerridos que llegaron en la goleta Isabelita en 1869 un día de mayo, como hoy, para transmitirnos sus genes y ofrecernos su ejemplo que admiramos.



En memoria de mis bisabuelos a quienes me enseñaron a querer y a respetar, sin haberlos conocido, escribo esta nota como homenaje y recordatorio de la efeméride familiar en este 150 aniversario de su llegada a nuestra tierra: Yucatán.


Rodolfo Antonio Menéndez Menéndez.




viernes, 6 de julio de 2018

Tercer aniversario de La Jornada Maya


Tres venturosos años para el periodismo peninsular se cumplen ya desde que La Jornada inaugurara su presencia dedicada a la península yucateca, ámbito tradicionalmente lleno de letras y de letras combativas, que supieron en su tiempo permear y guiar a nuestra sociedad. Y digo venturosos porque el aporte del ágil, veraz e independiente periodismo que nos ha traído La Jornada Maya, es hoy indubitablemente el mejor ejemplo local del deber ser en la presentación de las noticias cotidianas.

Quienes llevamos en la sangre, en el ADN diríase, el quehacer periodístico, podemos afirmar categóricamente que, en solo tres años de presencia peninsular, La Jornada Maya ha podido establecer la marca de la excelencia en la región. Hoy, tras no pocos esfuerzos de toda laya, desde los económicos hasta los técnicos, el diario acontecer de Yucatán, del país y del mundo, se ve reflejado de forma inmejorable en las páginas del rotativo.

Hago votos fervientes y entusiastas por que continúe La Jornada Maya arraigándose en esta nuestra sitibunda tierra y nutriéndose como las raíces de la ceiba secular, en lo profundo del roquedal querido. Aquí apreciamos la flor y el fruto de su gallardía periodística.

¡Enhorabuena!

Rodolfo Menéndez y Menéndez.
Mérida, Yucatán, julio de 2018.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Antonio Ménendez De la Peña, maestro de Yucatán.


Antonio Menéndez de la Peña.jpg

 (30 de marzo de 1845 - 16 de octubre de 1912)
 

Fue un pedagogo mexicano de origen cubano, nacido en San Juan de los Remedios, en 1845. Exiliado de su país en 1869 con motivo de la guerra de independencia cubana, llegó a Yucatán a bordo de la goleta Isabelita con varios familiares, entre ellos su joven esposa,  Ángela González Benítez  y su hermano, el también maestro Rodolfo Menéndez de la Peña,  para dedicar su vida a la instrucción del pueblo yucateco, particularmente del pueblo maya. Nunca regresó a su patria de origen, obteniendo la nacionalidad mexicana en 1872. Murió en Izamal, Yucatán en 1912, a los 67 años de edad.

Ejerció una gran influencia en su medio y,  junto con su hermano Rodolfo, fue tronco de una familia -verdadera dinastía- muy conocida en la esfera intelectual de Yucatán. La aportación de sus integrantes, descendientes de tal tronco fraternal, ha sido en efecto significativa en México en el campo de las letras, la pedagogía y el periodismo. Destacan entre ellos su hijo el periodista Carlos R. Menéndez González, fundador del hoy Diario de Yucatán y sus nietos, también periodistas, Abel Menéndez Romero, Mario Menéndez Romero, Gabriel Antonio Menéndez Reyes y Miguel Ángel Menéndez Reyes, este último premio nacional de literatura de su país en 1940 por su novela Nayar.

Nota necrológica:
 La Revista de Yucatán, periódico de la época, precursor del actual Diario de Yucatán, que era dirigido por Carlos R. Menéndez González, publicó la siguiente nota el 18 de octubre de 1912:

Un triste acontecimiento.
________
La causa de la enseñanza está en duelo.
_______

En la media noche, cuando estábamos consagrados a la labor cotidiana de la formación de este número de LA REVISTA DE YUCATÁN, fuimos dolorosamente sorprendidos por la triste y lamentable noticia que nos trasmitió el telégrafo relativa al fallecimiento ocurrido en la ciudad de Izamal del Sr. D. Antonio Menéndez de la Peña, padre de nuestro muy querido Director, quien ayer mismo se ausentó a bordo del vapor americano, con el objeto de asistir al próximo Congreso de Periodistas, según en otro lugar se comunica a nuestros lectores.
La luctuosa nueva que hoy tenemos la honda pena de dar a la publicidad, ha de producir seguramente una penosa impresión en un gran número de yucatecos, entre los cuales el Sr. Menéndez y otros miembros de su distinguida familia, gozan de muy alta y merecida estimación, por las relevantes prendas que los distinguen. El honorable caballero que acaba de dejar de existir, vio la primera luz, en la Perla de las Antillas y era vástago de una familia asturiana, enlazada en la Isla de Cuba con la familia de la Peña, que se cubrió de justo renombre por su ilustración y por su patriotismo, desde que a mediados de la pasada centuria nuestros hermanos de Cuba hacían titánicos esfuerzos por la conquista de su Independencia. Los tumultuosos azares de aquella lucha inolvidable, trajeron a nuestras playas entre un buen número de inmigrantes utilísimos a la respetable familia Menéndez que encontró otra Patria en esta Península, en la que no le faltó el calor de nuevos y verdaderos afectos, que pudieron hacerle menos duro el pan amargo del destierro. Aquí fue en donde el Sr. D. Antonio Menéndez, constituyó un hogar en el cual la riqueza nunca asentó su trono, pero en el que la honradez nunca dejó de tener un perfumado altar en el cual brilló siempre la lámpara votiva y se esparcieron flores nunca marchitas. Fue el Sr. Menéndez un infatigable apóstol de la civilización, pues a la enseñanza de la niñez consagró sus mejores energías habiéndose distinguido en el Magisterio, no solamente en la ciudad de Mérida, sino en otras poblaciones entre las que podemos citar las de Progreso, Tixkokob e Izamal, en donde han quedado millares de huérfanos de la inteligencia, en virtud de la triste nota que hoy comunicamos.
La mayor parte de la vida de D. Antonio Menéndez de la Peña, puede decirse que fue una respuesta a la final impetración del inmortal poeta y filósofo germano que cerró los ojos para siempre, teniendo en los labios la palabra ¡luz!, pues desde la temprana juventud cuando dicho Sr. Menéndez acababa de llegar a este suelo, ofició en el templo del saber hasta hace muy poco, cuando ya la venerable ancianidad blanqueaba sus cabellos, quebrantaba su salud y agotaba sus energías. Nosotros que tuvimos el honor de tratarlo, fuimos admiradores de su vasta instrucción, de su invencible modestia, de su tenaz laboriosidad y de su acendrado amor para su familia, toda la cual latía en él y con él, como con un mismo corazón. En estos momentos de amargura, no podemos menos de tributar un sentido y sincero homenaje de respeto y de cariño, al padre modelo y ciudadano intachable, para quien se ha abierto una tumba en esta tierra que fue para él tan amada y en cuyo servicio pasó su existencia casi entera. Su alma clara y generosa, vuelve a la Infinita Llama de donde tuvo su principio y deja en este valle de lágrimas, un ejemplo que imitar y un recto sendero que seguir.
Hacemos presentes nuestras muy afectuosas frases de cordial condolencia a los numerosos deudos del eterno ausente, entre los que se sabe se cuentan, la respetable viuda Sra. Da. Ángela González Benitez, nuestro Director, D. Carlos R. Menéndez, el distinguido escritor y educador D. Rodolfo Menéndez de la Peña, hermano del finado, el ilustrado abogado D. Rodolfo Menéndez Mena, y muchos otros, en cuyos hogares, la Parca inexorable, hoy hace correr abundantes lágrimas y ha prendido el fúnebre crespón.

 Mérida, Yucatán, octubre de 1912.

Referencia hemerográfica: Revista de Yucatán, 18 de octubre de 1912
Biblioteca Carlos R. Menéndez
Mérida, Yucatán, México

sábado, 18 de febrero de 2017

A quinientos años del descubrimiento de Yucatán (1517 - 2017),



Expedición de Córdoba a Yucatán.svg

(1517 - 2017)

 La expedición de Francisco Hernández de Córdoba.

Francisco Hernández de Córdoba, nacido en Córdoba, España, ca. 1467 y fallecido en Sancti Spíritus, Cuba, 1517,  fue un explorador y conquistador español que pasó a la historia por la expedición que dirigió entre febrero y mayo de 1517,  durante la cual quedó registrada por el imperio español, entonces forjándose,  lo que denominaron "el descubrimiento de la península de Yucatán".

Vale aquí citar a nuestro querido amigo ya fallecido Michel Antochiw Kolpa, historiador y cartógrafo, quien en su  ''Historia Cartográfica de la Península de Yucatán'' señala y sustenta cartográficamente:  "....Existe la posibilidad de que Yucatán haya sido visitado por lo menos dos veces antes de su "descubrimiento", ambas por navegantes portugueses, la primera vez desde el norte, la segunda desde el sur..." Y decir también, que la propia enciclopedia "Yucatán en el tiempo", en el artículo correspondiente a "Historiadores de Yucatán" indica: "...todavía persisten dudas sobra la fecha real y la identidad del autor del descubrimiento (de Yucatán), ya que el mapa más antiguo en que aparece Yucatán data de 1513, cuatro años antes del viaje de Hernández de Córdoba"...

Más aún, desde 1511 había naufragado un barco de la flota de Diego de Nicuesa, que regresaba a La Española y algunos de sus ocupantes consiguieron salvarse. En efecto, en el momento en que los compañeros de Hernández avistaron y nombraron a El gran Cairo, en la costa yucateca, muy cerca de Cabo Catoche, dos de esos náufragos, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, vivían ya en la región del Mayab, hablaban la lengua maya de la zona, y el segundo incluso, gobernaba una comunidad indígena.

Ahora bien, nada de lo anterior quita mérito al "descubrimiento" (lo sigo entrecomillando) de Hernández de Córdoba, por cuanto que con relación a los portugueses, aunque se acepte que avistaron las tierras del Mayab, ellos no registraron historiográficamente el evento, ni allanaron el camino para el reclamo de nuevas tierras, como sí lo hicieron los europeos que siguieron los pasos de Hernández de Córdoba, hasta lograr la conquista territorial que marcó la historia. Y, con relación a los náufragos, pues eso fueron: náufragos que llegaron al Mayab por accidente, sin voluntad de hacerlo y su "descubrimiento" hubiera quedado en el olvido de no haber sido rescatado uno de ellos, Jerónimo de Aguilar, años después, en 1519,  por el mismísimo Hernán Cortés

Estamos conmemorando pues el quinto centenario (medio milenio) del "descubrimiento" de la península de Yucatán, hoy territorio de México y morada nuestra.... Sin entrar en los vericuetos de un viaje épico que merece relato en torrentes y no sólo las cuantas líneas que aquí escribimos a manera de recordatorio histórico de un hecho clave para el devenir de la región y de nuestras propias vidas.

Culmino el relato conmemorativo, a reserva de volver a él con otro hilo conductor en fecha próxima, recordando también que esta expedición  fue encargada a Hernández de Córdoba por Diego Velázquez, el entonces gobernador de Cuba, con el propósito ulterior, según Bernal Díaz del Castillo -testigo presencial-, de conseguir "indios" para que trabajaran en las propiedades de los españoles que ya vivían en la isla.  Y remato para la recolección de todos: la expedición costó la vida a Hernández de Córdoba quien falleció a los pocos días de regresar a Cuba el mismo año de 1517, como consecuencia del propio viaje ya que fue herido con flecha por los "indios" mayas, los mismos que había venido a buscar para esclavizarlos, en Chakán Putum (Champotón), en la escaramuza -que no batalla- llamada por los perdedores como "la mala pelea" y había sufrido durante el viaje de retorno, que se hizo con escala (por la sed) en la Florida, de tal manera que su salud quedó gravemente comprometida, sobreviniendo poco después, al arribar a Cuba, el desenlace fatal. Irónico, sí, que el viaje que lo hizo inmortal ante la historia fue el mismo que le quitó la vida.

Rodolfo Menéndez Menéndez.
Mérida, Yucatán, 2017 

Imagen superior tomada de Wikipedia, ella es trabajo original del wikipedista Jaontiveros. CC BY-SA 4.0,

viernes, 4 de noviembre de 2016

Henequenal. Yucatán.




Zona henequenara de Yucatán, México. Cerca de Izamal. Pencas cortadas y atadas, dejadas a la vera del camino listas para ser trasladadas a la desfibradora. En segundo plano, albarrada típica de la región. Al fondo, henequenal con plantas de aproximadamente 10 años de edad. Agroindustria henequenera yucateca.


Fotografia tomada de una publicación del Gobierno Federal mexicano no sujeta a derechos de autor, acreditable a Pedro Tzontémoc y a Christa Cowrie.



Se autoriza la copia o distribución de este documento siempre y cuando se cite al autor, bajo los términos de la versión 1.2 o posteriores de la «Licencia de documentacion libre de GNU» (GFDL), publicada por la Fundación para el Software Libre, sin secciones invariantes (invariant sections), ni textos de portada (front-cover texts), ni textos de contraportada (back-cover texts).











domingo, 1 de noviembre de 2015

A Yucatán!


¡YUCATÁN ! (189?)
Poema inédito de Rodolfo Menéndez de la Peña.
Tomado de los archivos familiares del autor en posesión de
su nieta  Elma Carrillo Menéndez.


De la América en el centro al mundo muestra su faz
una tierra primorosa como otra acaso no hay.
Su cielo es azul turquino, la besa apacible el mar,
viste el sol de esmeralda su campiña tropical.

Una tierra hospitalaria donde se miran al par,
el amor puro y ardiente, la dulce fraternidad.
Donde virtud y belleza en noble consorcio halláis,
y es la divisa de todos Trabajo, Progreso y Paz.

Donde Minerva levanta sus templos aquí y allá
Sobre los cuales tremola la bandera liberal.
Es la región más preciosa  del pintoresco Anáhuac
y tiene el augusto sello de una sabia antigüedad.

Es la tierra en que Dios premia la constancia y el afán,
donde el agave generoso mil por uno al hombre da.
Es la tierra que yo admiro que idolatro más y más,
donde tengo las raíces de mi universo moral.

Es la tierra prometida de quién por el mundo ¡ay!
sin patria, amigos ni amores, busca un cielo y un hogar.
En la ribera del golfo se yergue, atalaya audaz,
de ilustración y cultura, de grandeza y libertad.

No preguntéis por su nombre, porque cuántos la adoráis,
como yo diréis al punto: ¡Esa tierra es Yucatán!

RM

sábado, 28 de febrero de 2015

Al cumplirse 100 años del arribo de Salvador Alvarado a Yucatán. (marzo de 1915 - marzo de 2015)

En la imagen: La pintura mural que muestra al General Salvador Alvarado ubicada en el Salón de la Historia del Palacio de Gobierno de Yucatán, en Mérida, realizada magníficamente por Fernando Castro Pacheco, apreciado y laureado muralista yucateco.
.
Conforme pasan los años los perfiles de grandeza que elevan a Salvador Alvarado a la estatura de los más connotados hombres de la Revolución Mexicana, se iluminan y amplifican. Su figura, que ha recibido como pocas la agresión de la calumnia, aparece cada vez más nítida no sólo para los yucatecos, sino para los mexicanos, todos. En su homenaje vuelvo a publicar este texto.

La siguiente es la transcripción estenográfica de la intervención del diputado Rodolfo Menéndez y Menéndez en la tribuna de la Cámara de Diputados, durante la LIII Legislatura, pidiendo la inscripción del nombre de Salvador Alvarado en el frontispicio de la Cámara de Diputados. Petición suscrita por la diputación yucateca integrada por el propio Rodolfo Menéndez, el diputado Renán Solís Avilés, el diputado Wilbert Chi Góngora y el diputado Nerio Torres Ortiz y que fué denegada porque, créase, aún prevalecen los efectos de las heridas y de los resentimientos de la revolución en el contexto político mexicano. Habría que preguntar a los herederos del obregonismo recalcitrante: ¿Hasta cuándo? .

1985. Estamos en la Ciudad de México, Palacio Legislativo de San Lázaro, en la sala plenaria de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Tiene la palabra el diputado Menéndez:

Setenta años se cumplieron (ahora se cumplen 100), del inicio de un gobierno estatal que sacudió profundamente la estructura social yucateca, dando la bandera a un pueblo glorioso y entonces oprobiosamente esclavizado.

Así describe el propio Alvarado las condiciones en que se encontraba Yucatán al arribo de las fuerzas constitucionalistas en 1915: "Encontré a Yucatán en plena servidumbre. Miles de desgraciados, por la culpa de instituciones tradicionales, de vicios sociales tan fuertemente enraizados que parecían indestructibles, languidecían de generación en generación con la vida vendida a los amos".

En efecto, cuando Salvador Alvarado llega a Yucatán , encuentra una sociedad envilecida por la tienda de raya, la tortura, el derecho de pernada, la compraventa de seres humanos, el analfabetismo y el hambre, todo esto, ya en pleno siglo XX, en afrentosa convivencia con la ostentación, el derroche y la mascarada de un extranjerismo sin sentido.

En menos de tres años de gobierno, el insigne revolucionario sinaloense pone los cimientos sobre los cuales comenzaría a construirse no sólo el Yucatán moderno sino el actual Estado Mexicano.
Su acción transformadora se extiende a los más amplios campos de la vida en común y toca las más profundas fibras de la colectividad.

Antes de revisar la obra de Alvarado, debemos recordar que a finales de 1914, nuestra revolución no estaba todavía más que en sus etapas iniciales, faltaban años para que se consolidara el movimiento y todavía no se delineaban con claridad muchos de los planteamientos que cobrarían vigor en la Constitución de 1917.

Uno de los grandes méritos de Alvarado, que hoy reconocemos desde esta tribuna, fue que al tiempo que los concibió, puso en práctica cambios radicales en las estructuras sociales y económicas de Yucatán, creando el cuerpo legislativo y las instituciones más avanzadas para la época, que habrían de marcar los caminos que más tarde recorrería el constitucionalismo, primero al consignarlas en la carta de 1917 y después en las acciones de los gobiernos de Carranza, de Obregón, de Calles y de Cárdenas.

Salvador Alvarado reunió en su persona las características de un conceptualizador que tuvo el vigor y la enjundia para poner en práctica el ideario revolucionario. Fue, - y eso lo distingue - , al mismo tiempo, ideólogo, conductor y ejecutor, fidelísimo, de los propósitos de justicia social que orientaron al movimiento transformador de 1910.

Promotor y protagonista; diseñador y constructor al unísono, que estableció pauta para que otros siguieran más tarde, Alvarado ofreció al carrancismo y a la Revolución Mexicana, con el esfuerzo del pueblo yucateco, una fuente de recursos económicos fundamental en la conducción del movimiento constitucionalista.

El aporte de este afanoso pueblo yucateco a la Revolución Mexicana sólo se logra entender con claridad, cuando se advierte la realidad del Yucatán de aquel entonces, realidad que significaba riqueza generada por una sólida industria henequera, que montada sobre la servidumbre humana de los campesinos mayas, proporcionaba un torrente de divisas que a más de proveer lo necesario para sostener la economía local, resultaba inapreciable para los propósitos del carrancismo.

El Yucatán no se daba, como en la mayor parte de la República, la convulsión revolucionaria. Mientras en otros lugares había inseguridad en el tránsito de las personas y en el tráfico de las mercancías, lo cual ponía serias limitantes a la actividad económica en su conjunto e impedía en buena medida, el acopio de recursos necesarios para alimentar al proceso revolucionario, en la península, la paz existente permitía que la actividad henequera se desarrollara sin dificultad a través de un amplísimo sistema ferroviario complementado por puertos de salida para el producto de exportación, desde donde se embarcaba el henequén cuyas utilidades podían ser cobradas sin tropiezo.

En suma, Yucatán contaba con una industria bien organizada y una adecuada infraestructura, a más de una circunstancia favorable que permitía el buen funcionamiento de ambas, haciéndolas instrumento eficaz de generación de una riqueza indispensable para los propósitos revolucionarios.

En este contexto, en febrero de 1915 y siendo gobernador preconstitucional de Yucatán don Toribio de los Santos, estalló en el Estado un movimiento rebelde que tenía por objeto político el evitar que la revolución fuera conducida hasta ese confín de la patria aislándose a Yucatán de la acción transformadora. Encabezó el movimiento reaccionario un sinvergüenza llamado Abel Ortiz Argumedo, promovido y apoyado por la llamada "casta divina", poderosa oligarquía que aterrorizada ante la idea de que la Revolución le quitará definitivamente sus privilegios, decidió hacer la defensa de sus intereses intentando segregar al Estado de Yucatán del movimiento de renovación nacional.

Al genio militar y político de Carranza correspondió comprender cabalmente la importancia estratégica de aquel jirón del país y de encontrar y designar al hombre que fuera capaz, por un lado y en primer término, de someter a los rebeldes argumedistas y posteriormente, mantener las condiciones para que siguiera funcionando el engranaje económico yucateco, basado en la agroindustria henequera, aplicando al mismo tiempo las acciones necesarias para avanzar en el proyecto transformador del movimiento social constitucionalista.

Tarea para un titán y para un genio y ese fue el encargo para Salvador Alvarado. El 19 de marzo de 1915 entra en la ciudad de Mérida al comando de su tropa para poner "las armas de la Revolución al servicio del ideal", como él mismo afirma respecto de los propósitos de su actuación.

Para dibujar la perspectiva que advirtió a su llegada ningún pincel mejor que sus propias palabras: "Encontré - dice Salvador Alvarado - que la riqueza de aquel pueblo bueno y fuerte, hecho para mejores destinos no tenía otro fundamento ni otro origen que el trabajo del indio. Sobre su miseria y sobre su ignorancia, que le convertían en máquina de labor, se habían levantado fabulosos capitales, y se habían labrado fortunas de príncipes. En ninguna parte como aquella tierra, que espiritualmente estaba viviendo una vida de tres siglos atrás, era necesaria la renovación de todas las fuerzas y el equilibrio de todos los derechos"- continúa diciendo.

" Para esta obra urgente y rápida me dispuse desde el primer momento con todo el brío de que era yo capaz, pero quise hacerla en un sentido puro y levantado, que le diera efectividad definitiva y que no convirtiera la obra de la Revolución, que yo estaba obligado a realizar, en un simple removimiento de las cosas a favor del cual se levantará un nuevo vértigo de pasiones y de desorden y entrarán a aprovecharse los ladinos y los logreros que siempre están al acecho de que se revuelvan las aguas para echar sus redes..."

Y así expresaba la definición de su voluntad revolucionaria:"...no podía permitir ya que unos cuantos, considerándose los asistidos de una especie de derecho divino, vivieran del trabajo de los demás y guardaran para ellos una existencia egoísta de acaparamiento y de placeres, de soberbia de casta y de privilegio de sangre..."

Es aquí justo y necesario que acerquemos la lupa del reconocimiento a lo más significativo y trascendente de su obra de gobierno de Yucatán. La tarea social de Alvarado podría sintetizarse con la afirmación contundente de que mediante sus acciones, sesenta mil siervos fueron transformados en ciudadanos libres y conscientes de la necesidad de su participación en la renovación colectiva. Es la libertad condición básica para la felicidad de los pueblos. De aquí que este hombre se encuentre en el origen de la alegría yucateca.

Por lo que ve a la reforma económica, durante su corto pero extraordinariamente efectivo gobierno, Salvador Alvarado luchó contra los monopolios internacionales para elevar el precio del henequén, cuestión ésta que logró en beneficio del pueblo yucateco trabajador y de su causa. Fundó la primera flota mercante yucateca para abaratar las exportaciones; rescató de la quiebra y amplió considerablemente los ferrocarriles yucatecos. Construyó sanatorios para obreros; rehabilitó y modernizó la industria cordelera; construyó caminos y creó una comisión encargada de importar y vender a precio de costo los artículos de primera necesidad. Adquirió por primera vez en cantidad suficiente petróleo crudo para disponer de energéticos suficientes en el Estado. Financió las primeras exploraciones petroleras en el sureste de México.

Alvarado condujo también una reforma cultural de extraordinario alcance. Recién llegado a la gubernatura, expidió la Ley General de Educación Pública que crea la escuela rural, cuya enseñanza debía ser laica, gratuita obligatoria e integral, estableciendo así el antecedente del artículo 3o. de la Constitución. Fundó las escuelas de Agricultura y de Bellas Artes. En 1916 convocó a un Congreso pedagógico bajo la presidencia del profesor Rodolfo Menéndez de la Peña. Fundó el conservatorio de música y el Ateneo Peninsular - una de las más prestigiadas instituciones culturales de esa época.

Establece una biblioteca en cada municipio y en cada hacienda henequenera. Al terminar su gestión, en 1918, se habían construido más de 1,000 escuelas, casi a razón de una por día, que atendidas por dos mil maestros y con un presupuesto de dos millones y medio de pesos, equivalentes al 40% del presupuesto total de egresos del gobierno de Alvarado, fueron palanca para intentar rescatar de la ignorancia al pueblo vencido, antaño poseedor de una de las culturas más asombrosas de la antigüedad.

En otro orden de ideas, el revolucionario sinaloense, proscribe la servidumbre doméstica sin salario, en un acto que busca emancipar a la mujer, redimiéndola de lo que él mismo describe... "como un síntoma del extraño retardamiento en las costumbres, que en Yucatán formaba contraste con el desarrollo cultural y mercantil de ciertas clases sociales, encontré con dolor que, así como había miles de esclavos en los campos, también había en las ciudades miles de pobres mujeres sometidas a la servidumbre doméstica, en una forma que con apariencia de paternidad era de hecho una positiva esclavitud".

"El servicio de las casas ricas y acomodadas se hacía por docenas de pobres mujeres, indias o mestizas, que vivían encerradas trabajando incesantemente, sin más salario que el techo, la ropa y la comida, inútiles para la vida libre, estériles para el amor, muertas para la esperanza".
En enero de 1916, Salvador Alvarado, organiza el primer Congreso Feminista celebrado en la República Mexicana del cual se derivaban algunas conclusiones que hoy todavía parecen inalcanzables en términos del propósito igualitario hacia la mujer.

En materia legislativa, su obra es de trascendencia invaluable. Destacan por su anticipación, por su interés colectivo y por su concepción ideológica profundamente progresista, las leyes Agraria, de Hacienda, del Trabajo, del Catastro y la Ley Orgánica de los municipios del Estado, leyes éstas denominadas "las cinco hermanas". Todas, salvo la última, preconstitucionales y que indudablemente ejercieron decidida influencia sobre el Congreso constituyente de 1917.
En tres años de conducción política expide 753 decretos que crean una verdadera estructura jurídica, parte de la cual sigue hasta la fecha vigente. Los puros considerandos de tales leyes, son verdaderos manuales del buen revolucionario, que proyectan la vocación de un verdadero agente de transformación, profundo conocedor de los vicios sociales que afligían a México y promotor ferviente de un auténtico Estado de derecho.

La Ley Agraria prevé la organización del Banco Agrícola, 11 años antes de que Calles diera vida a una tal institución. La ley del Trabajo estableció las juntas de Conciliación y Arbitraje para resolver las controversias obrero - patronales. Asímismo, establece la jornada máxima en el campo y en la ciudad y el salario mínimo. El 123 constitucional se inspira fundamentalmente de las ideas contenidas en la Ley Obrera de Yucatán. La ley de Hacienda, por su lado, contiene adelantos tan notables como la previsión de un impuesto único al consumo que es el claro antecedente del Impuesto al Valor Agregado.

La ley del Catastro se vincula íntimamente con la de Hacienda y contiene la adelantada concepción de un Registro Público de la Propiedad incorporado a la Dirección del Catastro.
En menos de tres años, Alvarado logra en Yucatán reorganizar el sistema económico y modernizar estructuralmente la Administración Pública, moralizándola.

Lleva a cabo una gran reforma educativa y una importante obra legislativa. Dignifica a los trabajadores y a la mujer y establece una base cultural para el desarrollo social.
Diseña y conduce todo un proyecto integral en lo político, lo económico y lo social, que no sólo impacta a la sociedad yucateca, sino que habría de extenderse a la nación entera estableciendo en buena medida las bases de modernidad de Estado mexicano.

Queda claro que la acción alvaradista en Yucatán es mucho más que la de un guerrero . Es la de un estadista cabal y visionario; constitucionalista en el más amplio sentido del término; conductor de gente y de ideales fundados en el humanismo liberal. Obstinado de la legalidad, de la igualdad entre los hombres y de la honradez a toda prueba.

Fue así y fue por esto, como ingresó el general Salvador Alvarado, con paso firme y redoblado, hacia la eternidad de la gratitud yucateca. De aquí que hoy, la conciencia política de Yucatán pida a esta honorable asamblea que comparta el honor, con quien el honor merece.

Por todo lo anterior señor presidente de esta H Cámara de Diputados, la diputación de Yucatán en la LIII Legislatura, formula la siguiente iniciativa, rogándole a usted se sirva dar el trámite que corresponde

UNICO: Que se inscriba con letras de oro el nombre del general Salvador Alvarado en este recinto legislativo. (Aplausos nutridos)

Firman los miembros de la Diputación Yucateca.

México, D. F., 28 de noviembre de 1985.


  Sobre el tema, véase también el Blog de Gilberto Avilez.

domingo, 24 de junio de 2012

Sansón y Dalila....



Shirley Verrett  y  J. Vickers "Mon coeur s'ouvre a ta voix"..... 1982 en el Covent Garden de Londres....

Sansón y Dalila (título original en francés, Samson et Dalila, Op. 47) es una ópera en tres actos con música de Camille Saint-Saëns y libreto en francés de Ferdinand Lemaire.

Se estrenó en Weimar (Alemania) el 2 de diciembre de 1877, en una versión en alemán, en el Teatro Grossherzogliches ("del Gran Duque", hoy la Staatskapelle Weimar). La ópera se basa en el relato bíblico de Sansón y Dalila que se encuentra en el capítulo 16 del Libro de los Jueces en el Antiguo Testamento. Es la única ópera de Saint-Saëns que se representa con regularidad. La escena de amor del Acto II en la tienda de Dalila es una de las piezas típicas que definen la ópera francesa.

Dos de las arias de Dalila son particularmente bien conocidas: "Printemps qui commence" y "Mon cœur s'ouvre à ta voix" ("Mi corazón se abre a tu voz", también conocida como "Suavemente se despierta mi corazón"), la segunda de las cuales es una de las piezas para recitales más populares en el repertorio para mezzosoprano/contralto.

Tomado de Wikipedia

Ahora la vemos en el teatro José Peón Contreras de Mérida, Yucatán, México en la hermosísima voz de Carla Dirlikov -que por cierto fue alumna de la Verret, fallecida en el 2010-  (Dalila) acompañada por Rodrigo Garciarroyo, como Sansón,  bajo la dirección de Juan Carlos Lomónaco. <> Hoy 24 de junio, te recuerdo tanto...

miércoles, 17 de agosto de 2011

CADENA de las GLORIETAS en Mérida, Yucatán

del  4 de julio

El propósito de la "CADENA DE LAS GLORIETAS" es, como lo ha sido en otros eventos, el de expresar una pacífica pero vigorosa PROTESTA por la represión vivida el 4 de julio a manos del gobierno de la ciudad. Se pueden abrazar muchas causas, pero ese es el tema central de esta "CADENA". No es una lucha entre verdes y azules, no es el PAN contra el PRI, no son los buenos contra los malos, no es una lucha de "castas" -como lo han sugerido algunos-, no es el Norte contra el Sur de la Ciudad, no son los ricos contra los pobres.... Todas esas son polarizaciones que convienen al gobierno represor y por eso las fomenta. Esos son sus argumentos y sus desvíos....La "CADENA" que se está organizando será una MANIFESTACIÓN en contra de la violencia por parte del gobierno en contra de ciudadanos, será una MANIFESTACIÓN en contra de la represión.... Ojalá no lo olvidemos.



......

Luego de la convocatoria lanzada por el Sociólogo José Luis Sierra , en las redes sociales para la organización de lo que han llamado la “ cadena de las Glorietas” se ha avanzado en la parte operativa. Esta actividad de resistencia cívica se realizaría el SÁBADO 24 DE SEPTIEMBRE, coincidiendo con la fecha prometida de “ entrega” del polémico y repudiado "tunel" o "paso deprimido", que la alcaldesa Angélica Araujo , desoyendo a los vecinos y despreciando las observaciones de los organismos profesionales y de urbanistas con prestigio nacional e internacional que se oponían, luego de una violenta represión contra la pacífica ciudadanía, envió , o al menos, permitió que se golpeara impune y brutalmente a jóvenes y mujeres que resistían el inicio de la obra, en la mal llamada “ glorieta de la Paz”.

El grupo en Facebook se llama: LOS QUE IREMOS A LA CADENA DE LAS GLORIETAS: y los avances en la organización mencionan que ya se ha dividido el total de la distancia entre el Remate de Paseo de Montejo y la Glorieta Gonzalo Guerrero, son 6 mil 84 metros, en 13 tramos, mismos que se presentan a su consideración (entre paréntesis, la longitud del tramo en metros):

TRAMO 1 (548), de la G. Gonzalo Guerrero a la calle 41 Benito Juárez

TRAMO 2 (443): de la calle 41 a la Av. Villas del Sol-Haciendas

TRAMO 3 (455): de la Av. Villas del Sol-Haciendas a la Av. Campestre

TRAMO 4 (271): de la Av. Campestre al final de Superama

TRAMO 5 (349): del final de Superama a la calle 1-H Campestre (antes MIKE\'s)

TRAMO 6 (523): de la calle 1-H a la calle 13 Campestre

TRAMO 7 (382): de la calle 13 a la calle 21 Campestre

TRAMO 8 (483): de la calle 21 Campestre a la Glorieta 4 de Julio

TRAMO 9 (458): de la Glorieta 4 de Julio a la calle 17 (Lib. Dante)

TRAMO 10 (554): de la calle 17 (lib. Dante) al Monumento a la Patria

TRAMO 11 (434): del Monumento a la Patria al Mon. Justo Sierra (Av. Colón)

TRAMO 12 (487): del M. a Justo Sierra (Av. Colón) al M. a Felipe Carrillo (calle 37)

TRAMO 13 (697): del M. a Felipe Carrillo (cale 37) al Remate del Paseo (calle 47)

Los organizadores están considerando un participante por metro, o lo que están planeando ser 6,084 personas y aunque la tarea luce titánica, ya lograron la presencia de más de 1, 600 personas en los terrenos de la Plancha, formando la palabra “ JUSTICIA”, por lo que es muy probable que logren esa nueva meta.

Por ello convocan a sumar el esfuerzo de ciudadanos y organizaciones y que se conformen equipos que coordinen el registro y la organización de cada tramo de esa enorme cadena cívica.

Tomado de Visión Peninsular

lunes, 1 de agosto de 2011

Una tortuga en la punta de un poste….

tortuga sobre un poste

A propósito del gobierno de Yucatán, un estimado colega me envió recientemente esta anécdota por internet.  El símil es tan convincente que he querido reproducir el cuento aquí.

Un joven está paseando por la plaza de un pueblo y decide tomar un descanso. Se sienta en un banco... al lado hay un señor de más edad y, naturalmente, comienzan a conversar sobre el país, el gobierno y finalmente sobre los políticos.

El señor le dice al joven:
- "¿Sabe? -
LOS POLITICOS , SON COMO UNA TORTUGA EN UN POSTE."
Después de un breve lapso, el joven responde:
- "No comprendo bien la analogía... ¿Qué significa eso, señor?"
Entonces, el señor le explica:
"Si vas caminando por el campo y ves una tortuga arriba de un poste de alambrado haciendo equilibrio"

¿Qué se te ocurre?
Viendo la cara de incomprensión del joven, continúa con su explicación:
- Primero: No entenderás cómo llegó ahí.
- Segundo: No podrás creer que esté ahí.
- Tercero: Sabrás que no pudo haber subido ella sola.
- Cuarto: Estarás seguro que no debería estar ahí.
- Quinto: Serás consciente que no va a hacer nada útil mientras esté ahí.
    "Entonces lo único sensato sería ayudarla a bajar."


EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES , HAGÁMOSLO MEJOR, TRATEMOS DE QUE NINGUNA TORTUGA VUELVA A SUBIR  AL POSTE.

lunes, 4 de julio de 2011

La Mérida de la paz…. ¡¡¡Miente la autoridad!!!

David 4 de julio 2011

David Sosa Solís es un ciudadano honesto y responsable. Es arquitecto por la Universidad Autónoma de Yucatán, con una maestría en urbanismo por la Universidad Politécnica de Cataluña, España. Miembro activo del Colegio de Arquitectos de Yucatán. Casado, con un hijo de un año.

David cree en México y adora a Yucatán. Jamás ha pertenecido a partido político alguno. Vive de y para su profesión. Es un fanático del urbanismo y participa intensamente en cuanto foro se abre para la discusión de las soluciones urbanísticas de la ciudad que le vio nacer. Acaba de ganar un premio en un concurso internacional de su materia.

Este 4 de julio por poco le cambia la vida para siempre. A él y a su familia. En la mañana temprano debía salir hacia el estado de Puebla para atender asuntos relativos a su profesión. Camino al aeropuerto se enteró que por causas de fuerza mayor, la cita principal que tenía en la Angelópolis se había cancelado. Regresó a su casa a desempacar su maletín. Sin agenda de trabajo para el resto del día decidió visitar a su madre, vecina de la Prolongación de Paseo Montejo y afectada por tanto por las obras de construcción de un paso a desnivel anunciadas por el Ayuntamiento meridense.

Estando ahí, con su esposa, quisieron ambos pasar a ver y a sumar su firma al listado de opositores a la obra en cuestión. Se estaban inscribiendo muchos en un padrón de vecinos que no quieren que se construya la vía. Y para allá se fueron caminando los cuantos metros que los separaban de la “Glorieta de la Paz’’ como algunos la han denominado recientemente.

Ya en el lugar, conversaban con los participantes en la manifestación opositora (habría un centenar de ellos) cuando vieron llegar al lugar a un auténtico regimiento de golpeadores armados con tubos de aluminio, caminando con paso acelerado en formación militar, hacia el lugar donde estaban reunidos. Habían bajado todos juntos de un vehículo como los de la policía que había quedado atrás a la altura de un conocido lavadero de automóviles cercano al lugar.

Cuando David los vio presintió lo que vendría y le dijo a su esposa: “¡Vámonos, esto se va a poner caliente! ¡Adelántate tú, yo te sigo, voy a avisarle a fulanito que ya nos vamos!”

Después de eso, me relata su mujer, todo pasó muy rápido. Después de avisar a su amigo, ya de retirada, observó como una mujer estaba siendo violentada por los recién llegados montoneros. David no se contuvo. Protestó e intervino. Joven al fin, fuerte y valiente. En cuanto quiso separar a uno de los agresores de la señora que estaba siendo “jalada por los pelos” y pateada por los envalentonados porros, sintió un golpe en las piernas por atrás que lo dobló, cayendo al piso.

A partir de ahí ya no supo de lo duro, sino sólo de lo tupido. Llegó otro agresor por delante y le reventó un tubo en la cara que le hizo perder el sentido. No supo más hasta que volvió a oír gritos de: “¡Lo van matar, lo van a matar!”. Lo estaban tundiendo. En ese punto otros asistentes comenzaron a jalarlo hacia afuera, diciéndole ¡¡vete, vete!! Salió como pudo.

Un tío, médico, le dio los primeros auxilios. Lo condujeron a la clínica donde le dijeron que tendrían que intervenirlo. Él, ya revivido seguramente por su propia histamina y alentado por su juventud y su ingenuidad, dijo, primero levantaré un acta en el ministerio público. Y hacia allá partieron él y su esposa. Cinco horas después, al terminar de declarar, se fueron al hospital donde lo intervinieron.

En el momento de escribir esta nota David permanece en la clínica con el pronóstico aun reservado. Su esposa está con él y su hijo, Marcelo, no sabe lo que le ha ocurrido a su papá. No puede saber todavía, está muy chico. La Alcaldesa de Mérida acaba de declarar a la prensa local y nacional, demostrando su enorme capacidad para mentir: “¡no hubo heridos!. Es un simple pleito de priistas contra panistas. Los priistas a favor de una obra pública, los panistas en contra de la misma. ¡Mandamos a la fuerza pública para que aplacara los ánimos!”

Los medios de comunicación han empezado a repetir la mentira una y mil veces…. para volverla verdad.

Y yo, que soy de otra generación y que me curtí en el México del 68, no puedo dejar de pensar: Caray, caray….. mi México a la vieja usanza. Sí, a la vieja usanza.

Levanto mi voz solidariamente, con indignación y profundo sentimiento de impotencia, por David y las otras víctimas de esta infamia.

¡Miserables, malditos miserables!

RMM


6 de julio, 2011

martes, 26 de octubre de 2010

Los Montejo, su monumento en Mérida, Yucatán

Montejos Merida julio 2010

Hay un debate público en Yucatán (como si no tuviéramos cosas más importantes para dirimir), hasta cierto punto primitivo y torpe, respecto de la conveniencia según algunos de quitar (sí, de derrumbar) la recién inaugurada estatua que conmemora a los Montejo, padre –el Adelantado- e hijo -el Mozo-, quienes junto con un tercer Montejo que no aparece en el grupo escultórico, el sobrino del Adelantado, fueron los conquistadores en nombre del imperio español de la Península de Yucatán, la tierra del Mayab, en los albores del siglo XVI y fundadores de la Ciudad de Mérida en 1542.

Los detractores del monumento usan como argumento principal para su exigencia de eliminar la obra que desde hace unos pocos meses adorna el Paseo de Montejo en la capital yucateca, la maldad y la injusticia aplicada por los conquistadores a quienes ahora se recuerda, y desde luego, lo inicuo de una guerra de conquista que hace cinco siglos sometió a los mayas, habitantes y dueños de la región hasta la llegada de los europeos, que impusieron por la fuerza su tecnología, su religión y su control social, político y económico a lo largo de los tres siguientes siglos, hasta que vino el momento emancipador, a principios del siglo XIX, que constituyó al Yucatán que hoy conocemos como parte, no sin ajetreos, de la república mexicana.

Diríase que esta petición de algunos de derribar lo que no les gusta es por lo menos insólita y está plagada de curiosidades que motivan este editorial:

Curioso momento de juzgar a los conquistadores. Se dice, para justificar, que es propicio el bicentenario de la guerra de independencia que nos embarga en estos días y que ciertamente nos obligaría a no rendir homenaje a quienes dominaron por la vía de la violencia a los habitantes primigenios de la península.

Más curioso el hecho que quienes quieren derruir la estatua, plantean hacerlo en el idioma de quienes fueron los conquistadores. Ninguno de los manifestantes que exigen la demolición, que se haya sabido, habla la lengua maya.

Aún más curioso todavía es que el monumento está emplazado en la principal avenida de Mérida que recibe precisamente el nombre del conquistador, en el Paseo de Montejo. Por cierto, y es curioso también, que en el otro extremo de la propia avenida meridana se encuentra el monumento dedicado a Gonzalo Guerrero, personaje denominado en la península el padre del mestizaje, español, andaluz por más señas, que llegó a estos lares como náufrago, poco antes que los Montejo, y quien después de escapar de la muerte que estuvieron a punto de causarle los mayas (como lo hicieron con sus compañeros de naufragio, con excepción de él mismo y de Jerónimo de Aguilar, que más tarde se reuniría con Cortés para emprender la conquista del altiplano), se refugió entre ellos y fundó familia engendrando prole, para después renunciar a su patria de origen, a su rey, a su religión y combatir a sus paisanos, comandando inclusive tropas mayas en la defensa del territorio que buscaban avasallar los conquistadores.

Curioso es también que en Yucatán hay monumentos conspicuos conmemorando a personajes como Fray Diego de Landa, religioso responsable de la destrucción dramática de códices y piezas invaluables para la comprensión de la historia de los mayas, en aquel famoso “auto de fe”, en la población de Maní, el 12 de julio de 1562. Nadie, nunca, se ha quejado ni pedido la destrucción de su estatua(s) ¿Será porque éste era sólo un conquistador de almas y no guerrero como los otros? ¿Porque éste era un religioso franciscano protegido por la inquisición, que quería muy seguramente el bien de los indígenas mayas?

Curioso es que en Mérida, que así se llama nuestra ciudad porque los conquistadores le pusieron el nombre por petición de los extremeños que venían en la expedición de conquista, vivan bien y bonito los detractores monumentales, y ninguno, nunca, que yo sepa, ha pedido que vuelva a llamarse T’Hó, nombre de la ciudad prehispánica que había sido abandonada y en cuyas ruinas Francisco de Montejo y León, el Mozo, que aparece con armadura en el conjunto escultórico, se asentó por instrucciones de su padre.

Y curioso que en esa Mérida y en todo Yucatán, se sigan construyendo fraccionamientos, bautizándolos con el nombre de quien conquistó y nadie vaya a quemar las casas de los mayas, mestizos y criollos que en esos barrios viven.

Curioso es, en fin, que a estas alturas de la historia vengan unos trasnochados a reivindicar las derrotas de un pueblo, al que esos mismos trasnochados humillan y explotan sin misericordia (o al menos observan pasivamente que eso suceda sin hacer nada efectivo por evitarlo) para pedir que se destruya un monumento que lo único que hace es recordar a una mitad de nuestros orígenes.

Cuántas curiosidades, ¿verdad?

El mismo derecho tendrían y tienen, en el Yucatán actual, de figurar con monumentos erigidos a su memoria los Montejo, Gonzalo Guerrero, Nachi Cocom, Tutul Xiu, el mismísimo Zamná, sacerdote y dios del panteón maya, y hasta el cura franciscano Diego de Landa, quien después quiso redimirse, quizá para compensar, escribiendo su famosa “Relación de las cosas de Yucatán”. Todos ellos finalmente, vale la pena recordarlo, son padres fundadores de lo que somos.

Recordemos también que la cultura del monumento pretende por sí misma de hablar a todas las épocas. El monumento no es necesariamente un símbolo de pleitesía o de sometimiento, como algún exagerado ha dicho en medio de estos debates tristes, sino que es, como su propia definición plantea, una obra pública puesta en memoria de una acción singular. Y los Montejo, vaya que protagonizaron una acción singularísima, gracias a la cual todos los parlanchines, incluyéndome a mí mismo, estamos hoy y aquí, tomándonos sorbetes en el "Colón" (of all names) del Paseo de Montejo, por las viejas e irreconocibles calzadas de T'Hó.

Gonzalo Guerrero Gonzalo Guerrero, padre del mestizaje, en el otro extremo del Paseo de Montejo.

RMM.

Mérida, la de Yucatán, en octubre del 2010.