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sábado, 11 de mayo de 2019

Los Menéndez de Yucatán....

Miércoles 12 de mayo de 1869, Puerto Sisal, Yucatán: Atraca la goleta Isabelita proveniente de La Habana.





Los Menéndez de Yucatán.....

Se cumple este 12 de mayo el sesquicentenario (1869 - 2019) de la llegada  al puerto de Sisal, Yucatán, México, de los hermanos Menéndez De la Peña, Rodolfo y Antonio, y de la esposa de este último, Ángela González Benítez, a bordo de la goleta Isabelita. 


Habían zarpado en el velero del puerto de La Habana el 10 de mayo escapando a la acción de las autoridades españolas que los acosaban por su vínculo con los independentistas cubanos, convocados  en 1868 por Carlos Manuel de Céspedes al grito de ¡"Independencia y Libertad"! (el llamado Grito de Yara) que propiamente inició la Guerra de los Diez Años, misma que fue insuficiente para liberar a la isla del imperio al que estaba sujeta.

Hicieron la travesía con un grupo encabezado por sus abuelos maternos, José Antonio De la Peña y Múgica y Antonia Pérez de De la Peña. Venía también la hermana, Sofía Menéndez De la Peña, que habría de fallecer enferma de tuberculosis unos cuantos años después en la ciudad de Mérida. Antonio Menéndez, el mayor de los hermanos, había contraído nupcias el 30 de abril de 1869, días antes del viaje, con Ángela González. Todos ellos, con unas quince personas más, miembros de la familia De la Peña, cruzaron esa ocasión el Canal de Yucatán tomando rumbo al Suroeste con la intención de iniciar una nueva vida. 

Rodolfo Ménendez nos relata acerca del viaje en sus notas biográficas, escritas en 1908. Cuenta cómo el azar determinó el destino de la familia: el abuelo quien pagó el viaje a todos, había considerado en sus planes de huida dirigirse al Canadá, pero en la búsqueda del barco que los hubiera trasladado al puerto de Halifax se topó con un doctor, Méndez de apellido, yucateco de origen, que lo convenció con diversos argumentos de que deberían encaminarse hacia la cercana península.  "A poca distancia de Cuba -le dijo-, hay un país, sano, bueno y hospitalario: la vida allí es barata, la gente sencilla y laboriosa. En ninguna parte pueden estar mejor que allí. Ese país es mi patria, Yucatán. La Isabelita es una goleta que hace viajes a Sisal: está hoy en puerto, pues llegó ayer; si usted quiere, puede fletarla, ahí cabe perfectamente toda la familia. En Yucatán estarán como en su propia tierra y a un grito de Cuba. Allí hay varios cubanos y han sido muy bien recibidos. Más aun -agregó- "mi hermano Terencio les recibirá a ustedes y les ayudará en todo cuanto sea necesario". El abuelo recapacitó y cambió el rumbo de la fuga familiar..... y al hacerlo, el destino vital de todos sus acompañantes.... Dio pábulo así a las generaciones de Menéndez, los de Yucatán, que los sucedieron. Ya han transcurrido seis de ellas y corre la séptima con el nombre y los genes, cada vez más diluidos es cierto, de quienes llegaron aquel día a la costa yucateca, hace ciento cincuenta años.


Podemos imaginar la expectativa y la incertidumbre que reinó al momento de la llegada de aquel grupo de cubanos descendientes de españoles. Abuelo y abuela al frente de una larga prole de más de veinte personas que incluía a un pequeño de un año de edad, adentrándose en un territorio ignoto para ellos. Podemos sentir cómo esa incertidumbre se fue instalando en el ánimo de los protagonistas al descubrir que  en aquel entonces (1869) Yucatán estaba sumido en las tensiones de la  Guerra de Castas  iniciada hacía doce años  (no terminaría sino hasta empezado el siglo XX).  Podemos percatarnos, en fin, del desasosiego de los recién llegados cuando descubrieron que bajo la gubernatura de José Apolinar Cepeda Peraza, hermano del general Manuel Cepeda Peraza quien acababa de morir después de haber restaurado la república juarista en la península al derrotar por las armas a las fuerzas militares del segundo imperio mexicano, se manifestaba clara una crisis política que mantenía los ánimos públicos crispados, por decir lo menos, en medio de una severa atonía económica. Todo ello lleva en suma a pensar que nuestros antepasados, a su arribo a la nueva patria tuvieron seguramente un recibimiento muy diferente al que el señor Méndez les había augurado como cierto y seguro en La Habana, unos cuantos días antes. Debieron sin duda pasar por tiempos difíciles.


Al pisar tierra peninsular el grupo se dispersó. Los hermanos varones Menéndez De la Peña, con Ángela, mujer de Antonio, llegaron a Mérida, la capital del estado, y decidieron mientras se daban a conocer como lo que eran, maestros titulados de primera instrucción, iniciar un pequeño negocio de tabaco en el que tenían alguna experiencia por haber trabajado en ello en San Juan de los Remedios, su tierra natal. Se instalaron en un local, ahí entre la esquina de La Tucha y La Tortuga. "Eso daba poco. No encontrábamos trabajo y como nadie nos conocía y la situación financiera del país era muy difícil, parecía segura nuestra ruina", refiere Rodolfo en sus memorias. Así habrán mal pasado nuestros personajes sus primeros tiempos en la tierra de su adopción. El menor de los Menéndez, Rodolfo, confiesa que se desesperó y decidió volver a Cuba unos cuantos meses después de haber salido, con la intención de reincorporarse a la lucha libertaria. No regresaría a Yucatán sino hasta 1873, cuatro años después, al verse amedrentado por las circunstancias más adversas que encontró en la isla y frustrado por la esterilidad de los esfuerzos empeñados.

Se reencontraron por fin los hermanos Menéndez De la Peña en Valladolid, una de las ciudades de Yucatán en las que se vivió de forma más cruenta y con mayor intensidad el conflicto social que representó la Guerra de Castas, y donde ya para entonces vivían Antonio y Ángela, ejerciendo ambos su profesión, enseñando a leer y a escribir a la niñez maya del oriente del estado y siendo ella la directora de la escuela para señoritas La Esperanza. Un poco antes, en una escala de su periplo yucateco, viviendo en Tixkokob, habían nacido sus primeros hijos... ya mecían la cuna de su descendencia en el Mayab, lo que desde luego les daba carta de naturalidad en su nueva patria. Rodolfo, en 1875 encontró compañera ahí mismo, en Valladolid: Flora Mena y tendrían su primera hija, Libertad, que nació en esa ciudad oriental.  Las dos familias encontrarían hacia 1878 un proyecto más integral en Izamal decidiendo mudarse a esa "ciudad de los cerros", donde nacerían otros de sus hijos.  Retornaba la certidumbre y la estabilidad al ánimo de los nuevos yucatecos. A partir de entonces sintieron definido, ya para siempre y hasta sus respectivas muertes, el proyecto común de altruismo y el trayecto inmutable como pedagogos y servidores de la instrucción pública que los animó hasta convertirse en Yucatán, cada uno de ellos, por su propio mérito, en faros de luz y sabiduría, proyectándose desde la humildad de sus respectivas vidas hasta la eternidad de la gratitud yucateca que 150 años después de su llegada les sigue rindiendo homenaje. 

Los hijos de Antonio y de Ángela fueron: Yara, Carlos, Bolivia, Sofía, Antonio, Antonio (2), Óscar.

Los hijos de Rodolfo, quien tuvo dos matrimonios, el primero con Flora Mena Osorio, vallisoletana, fueron: Libertad, Rodolfo; Conrado, Conrado (2), Hidalgo, Estrella, Américo, Flora, Héctor e Iván. Tras el fallecimiento de Flora Mena en 1901,  Rodolfo volvió a casarse en 1903 con Nemesia Rodríguez y Castillo, originaria de Sotuta, con la que procreó tres hijas: Corina, Cordelia y Leticia.



A esta fecha, todas las personas señaladas anteriormente, primera generación de los Menéndez de Yucatán, han fallecido. Están en el reino de los vivos 6 generaciones descendientes de aquellos mencionados y de los aguerridos que llegaron en la goleta Isabelita en 1869 un día de mayo, como hoy, para transmitirnos sus genes y ofrecernos su ejemplo que admiramos.



En memoria de mis bisabuelos a quienes me enseñaron a querer y a respetar, sin haberlos conocido, escribo esta nota como homenaje y recordatorio de la efeméride familiar en este 150 aniversario de su llegada a nuestra tierra: Yucatán.


Rodolfo Antonio Menéndez Menéndez.




lunes, 9 de abril de 2018

Un río llamado Grijalva



1518 - 2018


Hace quinientos años, el 8 de junio de 1518, un mozalbete forastero de 28 años le puso Grijalva, su apellido, a uno de los grandes ríos de Mesoamérica y ... el río que los mayas chontales de la región llamaron antes Tabasco sigue llamándose así: Grijalva. Esta es la historia.


Se cumple el medio milenio de que Juan de Grijalva, conquistador español, castellano de la provincia de Segovia, nacido en Cuéllar en 1490, pusiera su apellido para nombrar al caudaloso río en el que se internó navegándolo en su bergantín aquel día, cerca del comienzo del verano de 1518. Poco antes, este joven había sido comisionado por su tío Diego Velázquez, entonces gobernador de la isla de Cuba, para encabezar la segunda expedición hacia Yucatán que los españoles recién llegados a América creían región insular,

La expedición que contó con 4 embarcaciones y 240 hombres había salido casi cinco meses antes, en enero de ese mismo año, de la población de Santiago en el extremo oriental de Cuba, para una nueva exploración de la entonces ignota (para ellos) península de Yucatán, cuya guerra de conquista estaba lejos de iniciarse.

Realizó primero un rodeo insular deteniéndose en Matanzas unas semanas seguramente para avituallarse y cruzar después el canal que conecta el mar Caribe al Golfo de México y hacer una escala en la isla de Cozumel en donde permaneció hasta el mes de mayo, tiempo suficiente para que se diera nombre al lugar: Santa Cruz de Puerta Latina y para que Juan Díaz, el capellán y relator que había designado el tío Diego para la expedición, dijera la primera misa católica en la historia de lo que ahora es México. Era el 3 de mayo de 1518.

Ya con los calores primaverales retomaron su rumbo los expedicionarios hacia el norte, creyendo navegar entre dos islas, para seguir el litoral yucateco y repetir el recorrido que un año antes, durante los primeros meses de 1517, había realizado Francisco Hernández de Córdoba, al que el mundo contemporáneo quiso atribuir el mal llamado "descubrimiento" de Yucatán. Este, Hernández de Córdoba, tuvo que regresar a Cuba después de una fiera escaramuza con los putunes o cohuoes (etnia chontal maya) de la que salió malherido en la población de Chakán Putum (hoy Champotón, Campeche, México). Moriría poco tiempo después a consecuencia de las heridas recibidas en aquella para ellos desafortunada escala de la expedición de 1517.

En esta segunda expedición al Yucatán ordenada por Velázquez (habría una tercera, la de Hernán Cortés), Juan de Grijalva, nuestro explorador cuellarano correría suerte distinta a la de su antecesor. Había prometido al tío que le confió el mando de la expedición colonizar tierras y establecer base en el territorio. Debía arriesgarse. A sabiendas, tuvo la osadía de volver a hacer un alto en su camino en la población llamada por ellos mismos ''de la mala pelea'', Chakán Putum, en la región de los aguerridos putunes, precisamente donde hirieron de muerte al capitán de la primera expedición.

Volvieron a enfrentarse mayas contra foráneos como el año precedente lo habían hecho, llevando en esta ocasión la peor parte  los de casa. Mataron al batab (jefe) maya y aunque Grijalva  también resultó  herido por flecha, perdiendo en la pelea dos de sus dientes, pudo recuperarse y continuar su correría rumbo al destino que la historia le tenía reservado. Siguieron pues, él y los suyos, navegando rumbo al sur-poniente hasta alcanzar la laguna de Términos haciendo escala en lo que es hoy isla del Carmen. "Términos" fue el nombre que acuñó para la gran aguada Antón de Alaminos, piloto de la expedición -lo fue también en la expedición de Hernández de Córdoba y lo sería en 1519 con el propio Cortés-, quien sostenía la idea de la insularidad de Yucatán y que supuso en aquel entonces, al internarse en la laguna, que ahí terminaba la isla.

Cuenta Juan Díaz, el capellán relator, en su "Itinerario de la Armada", en que narra los acontecimientos que vivieron, que en esa escala de la expedición se extravió en la isla a la que descendieron en busca de agua dulce y víveres, una lebrela (galgo hembra) que les acompañaba precisamente para cobrar piezas de cacería como venados y conejos. El animal había desembarcado con algunos de los expedicionarios perdiéndose en su incursión, teniendo que partir sus amos se fueron sin ella, abandonándola. Lo curioso del caso es que un año después, uno de los barcos de la expedición de 1519 que encabezaba Cortés, encontró a la lebrela cuando, obligados por un mal tiempo, tuvieron los tripulantes que recalar en la isla. Parece que el animal dio muestras de gran júbilo, ladrando y correteando sin cesar, al ver la embarcación parecida a la que la había abandonado, facilitando así su inusitado e improbable rescate.

Poco después del deplorable abandono de la lebrela llegaron los expedicionarios a la región de Centla. Desde el mar pudieron divisar la desembocadura impresionante del gran río. Así lo relata Díaz:

"Comenzamos a 8 días del mes de junio de 1518 y yendo la armada por la costa, unas seis millas apartada de tierra, vimos una corriente de agua muy grande que salía de un río principal, el que arrojaba agua dulce cosa de seis millas mar adentro. Y con esa corriente no pudimos entrar por el dicho río, al que pusimos por nombre el río de Grijalva. Nos iban siguiendo más de dos mil indios y nos hacían señales de guerra, este río viene de unas sierras muy altas y esta tierra parece ser la mejor que el sol alumbra; si se ha de poblar más, es preciso que se haga un pueblo muy principal: llámase esta provincia Potonchán."

Juan de Grijalva decidió internarse por el caudaloso río luchando contra corriente hasta la población de Potonchán, lográndolo. Se entrevistó ahí con el gobernador maya (el Halach Uinik) con el que intercambió regalos sin entrar en mayores conflictos con la población que miraba expectante a los visitantes. Fue en este encuentro cuando los españoles obtuvieron los primeros informes del imperio azteca situado según los informantes al occidente de aquellos parajes, en el altiplano: "¡Colua Mexica!" contestaban los lugareños cuando los expedicionarios preguntaban por el oro contenido en algunos de los presentes que se les ofrecieron.

Así pudieron los recién llegados constatar la importancia del río y el valor estratégico del sitio. Un año después, en 1519, llegó navegando al mismo lugar Hernán Cortés quien fue recibido con abierta hostilidad por los habitantes. Se enfrascaron entonces en una fragorosa batalla, la renombrada batalla de Centla, de la que salieron vencedores los españoles, hecho que permitió fundar la primera población de la Nueva España: Santa María de la Victoria. La conquista de México había empezado.

Pero regresemos a la expedición de Grijalva para concluir nuestra historia. Reconocido el gran río y habiéndolo bautizado entre ese pequeño grupo de exploradores con el nombre del jefe siguieron su ruta por el litoral hacia lo que hoy es Veracruz. La imaginación de Grijalva era modesta: al lugar en que hicieron escala le dio su nombre de pila: Juan... bueno el de su santo patrono: San Juan, San Juan de Ulúa, esto último fue una concesión graciosa a los lugareños que llamaban a esa pequeña isla Kulúa.

Un poco más se extendió la expedición de las huestes de Grijalva. Llegó hasta la desembocadura del Pánuco más al norte. En ese punto se decidiría el retorno de la expedición a Cuba. Tenía Grijalva suficientes cosas para contarle al tío... Cuando finalmente arribó a la isla se percató para su desventura que el tío lo que menos quería eran cuentos. Por los que él pudo hacer solo recibió frialdad del pariente poderoso y desde luego su enorme enojo y desprecio. ¡Ninguna nueva posesión para la corona, ningún asentamiento prometedor, nada material! Puro cuento. Grijalva fue destituido como comandante y reemplazado por don Hernán Cortés, quien tendría a su cargo una nueva expedición: la tercera, la vencida.

Juan de Grijalva, desilusionado, golpeado su fuero interno por su suerte y por la codicia de sus compatriotas, emprendería años más tarde dos nuevas exploraciones: una en el litoral del Golfo de México y la Florida acompañando a Francisco de Garay y la otra, en 1527, en la que se unió a Pedrarías Dávila para conquistar Honduras y Nicaragua y que se convirtió en su tumba, ya que en esos lares fue muerto a manos de los nativos y sus restos se perdieron en la naturaleza que vino a conocer.

No sé si para amainar su desilusión el joven Grijalva pensó algún día en que el desagrado del tío, su destitución y la amargura que le produjo la falta de reconocimiento a lo que había logrado, serían compensados por la historia que seguiría, más generosa para con su persona, su nombre y su estirpe. Prueba de esa generosidad histórica es el hecho de que quinientos años después de los acontecimientos aquí relatados seguimos hablando de esa odisea en tierras mexicanas y de que su marca personal, el nombre de su familia, a pesar de todo, a pesar del mismo proceso arbitrario y feroz usado por él y por los suyos para despojar a los lugareños de cuanto patrimonio tenían, hasta del inmaterial, su nombre, decía, el de Grijalva, sigue siendo usado para mentar al majestuso caudal que surge de las mismas cimas cuchimatanas en Guatemala, de las que los propios mayas surgieron y donde se consolidaron lingüísticamente antes de dispersarse y florecer como lo hicieron por los confines mesoamericanos, al través de muchos, muchísimos siglos antes de la llegada de los europeos. Hoy y aquí así es: el nombre es río Grijalva y no río Tabasco como debería ser.

Rodolfo Antonio Menéndez.
Mérida, Yucatán, 2018.



miércoles, 29 de marzo de 2017

Antonio Ménendez De la Peña, maestro de Yucatán.


Antonio Menéndez de la Peña.jpg

 (30 de marzo de 1845 - 16 de octubre de 1912)
 

Fue un pedagogo mexicano de origen cubano, nacido en San Juan de los Remedios, en 1845. Exiliado de su país en 1869 con motivo de la guerra de independencia cubana, llegó a Yucatán a bordo de la goleta Isabelita con varios familiares, entre ellos su joven esposa,  Ángela González Benítez  y su hermano, el también maestro Rodolfo Menéndez de la Peña,  para dedicar su vida a la instrucción del pueblo yucateco, particularmente del pueblo maya. Nunca regresó a su patria de origen, obteniendo la nacionalidad mexicana en 1872. Murió en Izamal, Yucatán en 1912, a los 67 años de edad.

Ejerció una gran influencia en su medio y,  junto con su hermano Rodolfo, fue tronco de una familia -verdadera dinastía- muy conocida en la esfera intelectual de Yucatán. La aportación de sus integrantes, descendientes de tal tronco fraternal, ha sido en efecto significativa en México en el campo de las letras, la pedagogía y el periodismo. Destacan entre ellos su hijo el periodista Carlos R. Menéndez González, fundador del hoy Diario de Yucatán y sus nietos, también periodistas, Abel Menéndez Romero, Mario Menéndez Romero, Gabriel Antonio Menéndez Reyes y Miguel Ángel Menéndez Reyes, este último premio nacional de literatura de su país en 1940 por su novela Nayar.

Nota necrológica:
 La Revista de Yucatán, periódico de la época, precursor del actual Diario de Yucatán, que era dirigido por Carlos R. Menéndez González, publicó la siguiente nota el 18 de octubre de 1912:

Un triste acontecimiento.
________
La causa de la enseñanza está en duelo.
_______

En la media noche, cuando estábamos consagrados a la labor cotidiana de la formación de este número de LA REVISTA DE YUCATÁN, fuimos dolorosamente sorprendidos por la triste y lamentable noticia que nos trasmitió el telégrafo relativa al fallecimiento ocurrido en la ciudad de Izamal del Sr. D. Antonio Menéndez de la Peña, padre de nuestro muy querido Director, quien ayer mismo se ausentó a bordo del vapor americano, con el objeto de asistir al próximo Congreso de Periodistas, según en otro lugar se comunica a nuestros lectores.
La luctuosa nueva que hoy tenemos la honda pena de dar a la publicidad, ha de producir seguramente una penosa impresión en un gran número de yucatecos, entre los cuales el Sr. Menéndez y otros miembros de su distinguida familia, gozan de muy alta y merecida estimación, por las relevantes prendas que los distinguen. El honorable caballero que acaba de dejar de existir, vio la primera luz, en la Perla de las Antillas y era vástago de una familia asturiana, enlazada en la Isla de Cuba con la familia de la Peña, que se cubrió de justo renombre por su ilustración y por su patriotismo, desde que a mediados de la pasada centuria nuestros hermanos de Cuba hacían titánicos esfuerzos por la conquista de su Independencia. Los tumultuosos azares de aquella lucha inolvidable, trajeron a nuestras playas entre un buen número de inmigrantes utilísimos a la respetable familia Menéndez que encontró otra Patria en esta Península, en la que no le faltó el calor de nuevos y verdaderos afectos, que pudieron hacerle menos duro el pan amargo del destierro. Aquí fue en donde el Sr. D. Antonio Menéndez, constituyó un hogar en el cual la riqueza nunca asentó su trono, pero en el que la honradez nunca dejó de tener un perfumado altar en el cual brilló siempre la lámpara votiva y se esparcieron flores nunca marchitas. Fue el Sr. Menéndez un infatigable apóstol de la civilización, pues a la enseñanza de la niñez consagró sus mejores energías habiéndose distinguido en el Magisterio, no solamente en la ciudad de Mérida, sino en otras poblaciones entre las que podemos citar las de Progreso, Tixkokob e Izamal, en donde han quedado millares de huérfanos de la inteligencia, en virtud de la triste nota que hoy comunicamos.
La mayor parte de la vida de D. Antonio Menéndez de la Peña, puede decirse que fue una respuesta a la final impetración del inmortal poeta y filósofo germano que cerró los ojos para siempre, teniendo en los labios la palabra ¡luz!, pues desde la temprana juventud cuando dicho Sr. Menéndez acababa de llegar a este suelo, ofició en el templo del saber hasta hace muy poco, cuando ya la venerable ancianidad blanqueaba sus cabellos, quebrantaba su salud y agotaba sus energías. Nosotros que tuvimos el honor de tratarlo, fuimos admiradores de su vasta instrucción, de su invencible modestia, de su tenaz laboriosidad y de su acendrado amor para su familia, toda la cual latía en él y con él, como con un mismo corazón. En estos momentos de amargura, no podemos menos de tributar un sentido y sincero homenaje de respeto y de cariño, al padre modelo y ciudadano intachable, para quien se ha abierto una tumba en esta tierra que fue para él tan amada y en cuyo servicio pasó su existencia casi entera. Su alma clara y generosa, vuelve a la Infinita Llama de donde tuvo su principio y deja en este valle de lágrimas, un ejemplo que imitar y un recto sendero que seguir.
Hacemos presentes nuestras muy afectuosas frases de cordial condolencia a los numerosos deudos del eterno ausente, entre los que se sabe se cuentan, la respetable viuda Sra. Da. Ángela González Benitez, nuestro Director, D. Carlos R. Menéndez, el distinguido escritor y educador D. Rodolfo Menéndez de la Peña, hermano del finado, el ilustrado abogado D. Rodolfo Menéndez Mena, y muchos otros, en cuyos hogares, la Parca inexorable, hoy hace correr abundantes lágrimas y ha prendido el fúnebre crespón.

 Mérida, Yucatán, octubre de 1912.

Referencia hemerográfica: Revista de Yucatán, 18 de octubre de 1912
Biblioteca Carlos R. Menéndez
Mérida, Yucatán, México

sábado, 18 de febrero de 2017

A quinientos años del descubrimiento de Yucatán (1517 - 2017),



Expedición de Córdoba a Yucatán.svg

(1517 - 2017)

 La expedición de Francisco Hernández de Córdoba.

Francisco Hernández de Córdoba, nacido en Córdoba, España, ca. 1467 y fallecido en Sancti Spíritus, Cuba, 1517,  fue un explorador y conquistador español que pasó a la historia por la expedición que dirigió entre febrero y mayo de 1517,  durante la cual quedó registrada por el imperio español, entonces forjándose,  lo que denominaron "el descubrimiento de la península de Yucatán".

Vale aquí citar a nuestro querido amigo ya fallecido Michel Antochiw Kolpa, historiador y cartógrafo, quien en su  ''Historia Cartográfica de la Península de Yucatán'' señala y sustenta cartográficamente:  "....Existe la posibilidad de que Yucatán haya sido visitado por lo menos dos veces antes de su "descubrimiento", ambas por navegantes portugueses, la primera vez desde el norte, la segunda desde el sur..." Y decir también, que la propia enciclopedia "Yucatán en el tiempo", en el artículo correspondiente a "Historiadores de Yucatán" indica: "...todavía persisten dudas sobra la fecha real y la identidad del autor del descubrimiento (de Yucatán), ya que el mapa más antiguo en que aparece Yucatán data de 1513, cuatro años antes del viaje de Hernández de Córdoba"...

Más aún, desde 1511 había naufragado un barco de la flota de Diego de Nicuesa, que regresaba a La Española y algunos de sus ocupantes consiguieron salvarse. En efecto, en el momento en que los compañeros de Hernández avistaron y nombraron a El gran Cairo, en la costa yucateca, muy cerca de Cabo Catoche, dos de esos náufragos, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, vivían ya en la región del Mayab, hablaban la lengua maya de la zona, y el segundo incluso, gobernaba una comunidad indígena.

Ahora bien, nada de lo anterior quita mérito al "descubrimiento" (lo sigo entrecomillando) de Hernández de Córdoba, por cuanto que con relación a los portugueses, aunque se acepte que avistaron las tierras del Mayab, ellos no registraron historiográficamente el evento, ni allanaron el camino para el reclamo de nuevas tierras, como sí lo hicieron los europeos que siguieron los pasos de Hernández de Córdoba, hasta lograr la conquista territorial que marcó la historia. Y, con relación a los náufragos, pues eso fueron: náufragos que llegaron al Mayab por accidente, sin voluntad de hacerlo y su "descubrimiento" hubiera quedado en el olvido de no haber sido rescatado uno de ellos, Jerónimo de Aguilar, años después, en 1519,  por el mismísimo Hernán Cortés

Estamos conmemorando pues el quinto centenario (medio milenio) del "descubrimiento" de la península de Yucatán, hoy territorio de México y morada nuestra.... Sin entrar en los vericuetos de un viaje épico que merece relato en torrentes y no sólo las cuantas líneas que aquí escribimos a manera de recordatorio histórico de un hecho clave para el devenir de la región y de nuestras propias vidas.

Culmino el relato conmemorativo, a reserva de volver a él con otro hilo conductor en fecha próxima, recordando también que esta expedición  fue encargada a Hernández de Córdoba por Diego Velázquez, el entonces gobernador de Cuba, con el propósito ulterior, según Bernal Díaz del Castillo -testigo presencial-, de conseguir "indios" para que trabajaran en las propiedades de los españoles que ya vivían en la isla.  Y remato para la recolección de todos: la expedición costó la vida a Hernández de Córdoba quien falleció a los pocos días de regresar a Cuba el mismo año de 1517, como consecuencia del propio viaje ya que fue herido con flecha por los "indios" mayas, los mismos que había venido a buscar para esclavizarlos, en Chakán Putum (Champotón), en la escaramuza -que no batalla- llamada por los perdedores como "la mala pelea" y había sufrido durante el viaje de retorno, que se hizo con escala (por la sed) en la Florida, de tal manera que su salud quedó gravemente comprometida, sobreviniendo poco después, al arribar a Cuba, el desenlace fatal. Irónico, sí, que el viaje que lo hizo inmortal ante la historia fue el mismo que le quitó la vida.

Rodolfo Menéndez Menéndez.
Mérida, Yucatán, 2017 

Imagen superior tomada de Wikipedia, ella es trabajo original del wikipedista Jaontiveros. CC BY-SA 4.0,

miércoles, 18 de enero de 2017

Otra vez "Vecinos Distantes"




General Francisco Villa al centro; General Álvaro Obregón, izquierda y General John J Pershing , derecha, encontrándose en el Paso, Tejas en 1914. Dos años después, en 1916, Pershing persiguió a Villa porque éste había saqueado la villa de Columbus en Nuevo México. El general Pershing cruzó la frontera mexicana pero nunca pudo atrapar a Villa que se hizo ojo de hormiga. Pershing tuvo que desentenderse de esta persecución ya que su gobierno lo comisionó para dirigir las tropas estadounidenses que cruzaron el Atlántico en la 1a. Guerra Mundial. Así se burló Villa del ejército más poderoso del mundo y de su General en Jefe. Crédito de la fotografía Associated Press. Pie de la fotografía de Rodolfo Menéndez.

Ver reciente artículo de

New York Times. Enrique Krauze, enero 17 de 2017.


sábado, 28 de febrero de 2015

Al cumplirse 100 años del arribo de Salvador Alvarado a Yucatán. (marzo de 1915 - marzo de 2015)

En la imagen: La pintura mural que muestra al General Salvador Alvarado ubicada en el Salón de la Historia del Palacio de Gobierno de Yucatán, en Mérida, realizada magníficamente por Fernando Castro Pacheco, apreciado y laureado muralista yucateco.
.
Conforme pasan los años los perfiles de grandeza que elevan a Salvador Alvarado a la estatura de los más connotados hombres de la Revolución Mexicana, se iluminan y amplifican. Su figura, que ha recibido como pocas la agresión de la calumnia, aparece cada vez más nítida no sólo para los yucatecos, sino para los mexicanos, todos. En su homenaje vuelvo a publicar este texto.

La siguiente es la transcripción estenográfica de la intervención del diputado Rodolfo Menéndez y Menéndez en la tribuna de la Cámara de Diputados, durante la LIII Legislatura, pidiendo la inscripción del nombre de Salvador Alvarado en el frontispicio de la Cámara de Diputados. Petición suscrita por la diputación yucateca integrada por el propio Rodolfo Menéndez, el diputado Renán Solís Avilés, el diputado Wilbert Chi Góngora y el diputado Nerio Torres Ortiz y que fué denegada porque, créase, aún prevalecen los efectos de las heridas y de los resentimientos de la revolución en el contexto político mexicano. Habría que preguntar a los herederos del obregonismo recalcitrante: ¿Hasta cuándo? .

1985. Estamos en la Ciudad de México, Palacio Legislativo de San Lázaro, en la sala plenaria de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Tiene la palabra el diputado Menéndez:

Setenta años se cumplieron (ahora se cumplen 100), del inicio de un gobierno estatal que sacudió profundamente la estructura social yucateca, dando la bandera a un pueblo glorioso y entonces oprobiosamente esclavizado.

Así describe el propio Alvarado las condiciones en que se encontraba Yucatán al arribo de las fuerzas constitucionalistas en 1915: "Encontré a Yucatán en plena servidumbre. Miles de desgraciados, por la culpa de instituciones tradicionales, de vicios sociales tan fuertemente enraizados que parecían indestructibles, languidecían de generación en generación con la vida vendida a los amos".

En efecto, cuando Salvador Alvarado llega a Yucatán , encuentra una sociedad envilecida por la tienda de raya, la tortura, el derecho de pernada, la compraventa de seres humanos, el analfabetismo y el hambre, todo esto, ya en pleno siglo XX, en afrentosa convivencia con la ostentación, el derroche y la mascarada de un extranjerismo sin sentido.

En menos de tres años de gobierno, el insigne revolucionario sinaloense pone los cimientos sobre los cuales comenzaría a construirse no sólo el Yucatán moderno sino el actual Estado Mexicano.
Su acción transformadora se extiende a los más amplios campos de la vida en común y toca las más profundas fibras de la colectividad.

Antes de revisar la obra de Alvarado, debemos recordar que a finales de 1914, nuestra revolución no estaba todavía más que en sus etapas iniciales, faltaban años para que se consolidara el movimiento y todavía no se delineaban con claridad muchos de los planteamientos que cobrarían vigor en la Constitución de 1917.

Uno de los grandes méritos de Alvarado, que hoy reconocemos desde esta tribuna, fue que al tiempo que los concibió, puso en práctica cambios radicales en las estructuras sociales y económicas de Yucatán, creando el cuerpo legislativo y las instituciones más avanzadas para la época, que habrían de marcar los caminos que más tarde recorrería el constitucionalismo, primero al consignarlas en la carta de 1917 y después en las acciones de los gobiernos de Carranza, de Obregón, de Calles y de Cárdenas.

Salvador Alvarado reunió en su persona las características de un conceptualizador que tuvo el vigor y la enjundia para poner en práctica el ideario revolucionario. Fue, - y eso lo distingue - , al mismo tiempo, ideólogo, conductor y ejecutor, fidelísimo, de los propósitos de justicia social que orientaron al movimiento transformador de 1910.

Promotor y protagonista; diseñador y constructor al unísono, que estableció pauta para que otros siguieran más tarde, Alvarado ofreció al carrancismo y a la Revolución Mexicana, con el esfuerzo del pueblo yucateco, una fuente de recursos económicos fundamental en la conducción del movimiento constitucionalista.

El aporte de este afanoso pueblo yucateco a la Revolución Mexicana sólo se logra entender con claridad, cuando se advierte la realidad del Yucatán de aquel entonces, realidad que significaba riqueza generada por una sólida industria henequera, que montada sobre la servidumbre humana de los campesinos mayas, proporcionaba un torrente de divisas que a más de proveer lo necesario para sostener la economía local, resultaba inapreciable para los propósitos del carrancismo.

El Yucatán no se daba, como en la mayor parte de la República, la convulsión revolucionaria. Mientras en otros lugares había inseguridad en el tránsito de las personas y en el tráfico de las mercancías, lo cual ponía serias limitantes a la actividad económica en su conjunto e impedía en buena medida, el acopio de recursos necesarios para alimentar al proceso revolucionario, en la península, la paz existente permitía que la actividad henequera se desarrollara sin dificultad a través de un amplísimo sistema ferroviario complementado por puertos de salida para el producto de exportación, desde donde se embarcaba el henequén cuyas utilidades podían ser cobradas sin tropiezo.

En suma, Yucatán contaba con una industria bien organizada y una adecuada infraestructura, a más de una circunstancia favorable que permitía el buen funcionamiento de ambas, haciéndolas instrumento eficaz de generación de una riqueza indispensable para los propósitos revolucionarios.

En este contexto, en febrero de 1915 y siendo gobernador preconstitucional de Yucatán don Toribio de los Santos, estalló en el Estado un movimiento rebelde que tenía por objeto político el evitar que la revolución fuera conducida hasta ese confín de la patria aislándose a Yucatán de la acción transformadora. Encabezó el movimiento reaccionario un sinvergüenza llamado Abel Ortiz Argumedo, promovido y apoyado por la llamada "casta divina", poderosa oligarquía que aterrorizada ante la idea de que la Revolución le quitará definitivamente sus privilegios, decidió hacer la defensa de sus intereses intentando segregar al Estado de Yucatán del movimiento de renovación nacional.

Al genio militar y político de Carranza correspondió comprender cabalmente la importancia estratégica de aquel jirón del país y de encontrar y designar al hombre que fuera capaz, por un lado y en primer término, de someter a los rebeldes argumedistas y posteriormente, mantener las condiciones para que siguiera funcionando el engranaje económico yucateco, basado en la agroindustria henequera, aplicando al mismo tiempo las acciones necesarias para avanzar en el proyecto transformador del movimiento social constitucionalista.

Tarea para un titán y para un genio y ese fue el encargo para Salvador Alvarado. El 19 de marzo de 1915 entra en la ciudad de Mérida al comando de su tropa para poner "las armas de la Revolución al servicio del ideal", como él mismo afirma respecto de los propósitos de su actuación.

Para dibujar la perspectiva que advirtió a su llegada ningún pincel mejor que sus propias palabras: "Encontré - dice Salvador Alvarado - que la riqueza de aquel pueblo bueno y fuerte, hecho para mejores destinos no tenía otro fundamento ni otro origen que el trabajo del indio. Sobre su miseria y sobre su ignorancia, que le convertían en máquina de labor, se habían levantado fabulosos capitales, y se habían labrado fortunas de príncipes. En ninguna parte como aquella tierra, que espiritualmente estaba viviendo una vida de tres siglos atrás, era necesaria la renovación de todas las fuerzas y el equilibrio de todos los derechos"- continúa diciendo.

" Para esta obra urgente y rápida me dispuse desde el primer momento con todo el brío de que era yo capaz, pero quise hacerla en un sentido puro y levantado, que le diera efectividad definitiva y que no convirtiera la obra de la Revolución, que yo estaba obligado a realizar, en un simple removimiento de las cosas a favor del cual se levantará un nuevo vértigo de pasiones y de desorden y entrarán a aprovecharse los ladinos y los logreros que siempre están al acecho de que se revuelvan las aguas para echar sus redes..."

Y así expresaba la definición de su voluntad revolucionaria:"...no podía permitir ya que unos cuantos, considerándose los asistidos de una especie de derecho divino, vivieran del trabajo de los demás y guardaran para ellos una existencia egoísta de acaparamiento y de placeres, de soberbia de casta y de privilegio de sangre..."

Es aquí justo y necesario que acerquemos la lupa del reconocimiento a lo más significativo y trascendente de su obra de gobierno de Yucatán. La tarea social de Alvarado podría sintetizarse con la afirmación contundente de que mediante sus acciones, sesenta mil siervos fueron transformados en ciudadanos libres y conscientes de la necesidad de su participación en la renovación colectiva. Es la libertad condición básica para la felicidad de los pueblos. De aquí que este hombre se encuentre en el origen de la alegría yucateca.

Por lo que ve a la reforma económica, durante su corto pero extraordinariamente efectivo gobierno, Salvador Alvarado luchó contra los monopolios internacionales para elevar el precio del henequén, cuestión ésta que logró en beneficio del pueblo yucateco trabajador y de su causa. Fundó la primera flota mercante yucateca para abaratar las exportaciones; rescató de la quiebra y amplió considerablemente los ferrocarriles yucatecos. Construyó sanatorios para obreros; rehabilitó y modernizó la industria cordelera; construyó caminos y creó una comisión encargada de importar y vender a precio de costo los artículos de primera necesidad. Adquirió por primera vez en cantidad suficiente petróleo crudo para disponer de energéticos suficientes en el Estado. Financió las primeras exploraciones petroleras en el sureste de México.

Alvarado condujo también una reforma cultural de extraordinario alcance. Recién llegado a la gubernatura, expidió la Ley General de Educación Pública que crea la escuela rural, cuya enseñanza debía ser laica, gratuita obligatoria e integral, estableciendo así el antecedente del artículo 3o. de la Constitución. Fundó las escuelas de Agricultura y de Bellas Artes. En 1916 convocó a un Congreso pedagógico bajo la presidencia del profesor Rodolfo Menéndez de la Peña. Fundó el conservatorio de música y el Ateneo Peninsular - una de las más prestigiadas instituciones culturales de esa época.

Establece una biblioteca en cada municipio y en cada hacienda henequenera. Al terminar su gestión, en 1918, se habían construido más de 1,000 escuelas, casi a razón de una por día, que atendidas por dos mil maestros y con un presupuesto de dos millones y medio de pesos, equivalentes al 40% del presupuesto total de egresos del gobierno de Alvarado, fueron palanca para intentar rescatar de la ignorancia al pueblo vencido, antaño poseedor de una de las culturas más asombrosas de la antigüedad.

En otro orden de ideas, el revolucionario sinaloense, proscribe la servidumbre doméstica sin salario, en un acto que busca emancipar a la mujer, redimiéndola de lo que él mismo describe... "como un síntoma del extraño retardamiento en las costumbres, que en Yucatán formaba contraste con el desarrollo cultural y mercantil de ciertas clases sociales, encontré con dolor que, así como había miles de esclavos en los campos, también había en las ciudades miles de pobres mujeres sometidas a la servidumbre doméstica, en una forma que con apariencia de paternidad era de hecho una positiva esclavitud".

"El servicio de las casas ricas y acomodadas se hacía por docenas de pobres mujeres, indias o mestizas, que vivían encerradas trabajando incesantemente, sin más salario que el techo, la ropa y la comida, inútiles para la vida libre, estériles para el amor, muertas para la esperanza".
En enero de 1916, Salvador Alvarado, organiza el primer Congreso Feminista celebrado en la República Mexicana del cual se derivaban algunas conclusiones que hoy todavía parecen inalcanzables en términos del propósito igualitario hacia la mujer.

En materia legislativa, su obra es de trascendencia invaluable. Destacan por su anticipación, por su interés colectivo y por su concepción ideológica profundamente progresista, las leyes Agraria, de Hacienda, del Trabajo, del Catastro y la Ley Orgánica de los municipios del Estado, leyes éstas denominadas "las cinco hermanas". Todas, salvo la última, preconstitucionales y que indudablemente ejercieron decidida influencia sobre el Congreso constituyente de 1917.
En tres años de conducción política expide 753 decretos que crean una verdadera estructura jurídica, parte de la cual sigue hasta la fecha vigente. Los puros considerandos de tales leyes, son verdaderos manuales del buen revolucionario, que proyectan la vocación de un verdadero agente de transformación, profundo conocedor de los vicios sociales que afligían a México y promotor ferviente de un auténtico Estado de derecho.

La Ley Agraria prevé la organización del Banco Agrícola, 11 años antes de que Calles diera vida a una tal institución. La ley del Trabajo estableció las juntas de Conciliación y Arbitraje para resolver las controversias obrero - patronales. Asímismo, establece la jornada máxima en el campo y en la ciudad y el salario mínimo. El 123 constitucional se inspira fundamentalmente de las ideas contenidas en la Ley Obrera de Yucatán. La ley de Hacienda, por su lado, contiene adelantos tan notables como la previsión de un impuesto único al consumo que es el claro antecedente del Impuesto al Valor Agregado.

La ley del Catastro se vincula íntimamente con la de Hacienda y contiene la adelantada concepción de un Registro Público de la Propiedad incorporado a la Dirección del Catastro.
En menos de tres años, Alvarado logra en Yucatán reorganizar el sistema económico y modernizar estructuralmente la Administración Pública, moralizándola.

Lleva a cabo una gran reforma educativa y una importante obra legislativa. Dignifica a los trabajadores y a la mujer y establece una base cultural para el desarrollo social.
Diseña y conduce todo un proyecto integral en lo político, lo económico y lo social, que no sólo impacta a la sociedad yucateca, sino que habría de extenderse a la nación entera estableciendo en buena medida las bases de modernidad de Estado mexicano.

Queda claro que la acción alvaradista en Yucatán es mucho más que la de un guerrero . Es la de un estadista cabal y visionario; constitucionalista en el más amplio sentido del término; conductor de gente y de ideales fundados en el humanismo liberal. Obstinado de la legalidad, de la igualdad entre los hombres y de la honradez a toda prueba.

Fue así y fue por esto, como ingresó el general Salvador Alvarado, con paso firme y redoblado, hacia la eternidad de la gratitud yucateca. De aquí que hoy, la conciencia política de Yucatán pida a esta honorable asamblea que comparta el honor, con quien el honor merece.

Por todo lo anterior señor presidente de esta H Cámara de Diputados, la diputación de Yucatán en la LIII Legislatura, formula la siguiente iniciativa, rogándole a usted se sirva dar el trámite que corresponde

UNICO: Que se inscriba con letras de oro el nombre del general Salvador Alvarado en este recinto legislativo. (Aplausos nutridos)

Firman los miembros de la Diputación Yucateca.

México, D. F., 28 de noviembre de 1985.


  Sobre el tema, véase también el Blog de Gilberto Avilez.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Consumatum est. Adiós a la soberanía de México sobre sus energéticos.

Petróleo, hace 75 años

Hace 75 años se estableció la soberanía energética de México al promulgar el general Cárdenas, en la época presidente de la República, el decreto expropiatorio de los bienes de las 17 compañías extranjeras que operaban entonces en la nación, para convertirlos en propiedad de los mexicanos.

Durante el tiempo que ha transcurrido vivimos en este país al resguardo y bajo la protección de esa acción legal que transformó la naturaleza de la propiedad de los energéticos de que disponemos en nuestro subsuelo.

Mal que bien o bien que mal, gozar de esa soberanía permitió sostener en buena medida la economía nacional en todos estos años. Hasta hoy, solamente en materia presupuestal, más del 30 por ciento del egreso público, con toda su perversión,  proviene de las cuentas petroleras de la nación.

Desde hace 35 años las cosas comenzaron a marchar muy mal. Empezando por los delirios de un presidente que mal administró el recurso estratégico que entonces alcanzó un máximo valor histórico en el mercado internacional por causas ciertamente ajenas a México.

A lo largo de estas décadas siguieron administraciones, unas más corruptas que otras, pero todas incapaces de conducir a buen destino la gestión de nuestro patrimonio energético. Todas ellas, sin excepción, marcadas por el estigma de la codicia y de la rapiña que prohijaron, para ser encubiertas, más codicia y más rapiña en torno y dentro de la paraestatal petrolera, que se volvió pieza central de la discordia y del apetito de los saqueadores.

En lugar de resolver los problemas centrales relacionados con el mal manejo patrimonial, con la perversión que se adueñó del sistema, y con la corrupción generalizada que todo lo invadió, a nuestros dirigentes se les ocurre en esta nueva administración que la única manera de resolver nuestros requerimientos económicos, empezando por los fiscales, es enajenar la riqueza que hasta hoy, precisamente el día de hoy, era nuestra.

Con los estados de Yucatán (qué vergüenza), Tamaulipas, Puebla y San Luis Potosí, cuyos Congresos han aprobado en las últimas horas la reforma energética, subrepticiamente, trabajando horas extras, sin que nadie los vea, se completaron diecisiete entidades federativas, que ya integran la mayoría del constituyente permanente, lo que abre la vía legal para la promulgación de las modificaciones a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales, que revierten el decreto cardenista de hace 75 años.

Consumatum est. Se acabó el sueño. La Constitución General de la República en materia de soberanía energética será desmantelada. Sólo falta la puntilla que con gran alegría dará el autor material de esta infamia, seguramente en las primeras horas de está antepenúltima semana del año de 2013.

Dicen atingentes los autores que no es privatización. Que de Pemex, ni un tornillo. ¡Y para qué lo quieren! Si con la negociación de la riqueza en el subsuelo tendrán suficiente para mal baratar, íntegro, el patrimonio que era de todos.

En lugar de recorrer la vía honesta de resolver los problemas de corrupción, de administración, de tecnología, que se fueron gestando de la mano de la ineptitud, aprovechando nuestros propias fuerzas, recursos y potencialidades, prefirieron la vía fácil, cómoda y traidora de modificar nuestra ley suprema para actuar como lo que son: mercaderes.

Y lo hacen además, sin siquiera la gracia de  preparar al país para lo que se avecina. ¿Con qué estructuras, con qué instituciones, con qué fortaleza interna, con que juridicidad, se sentarán en la mesa de los tiburones internacionales a jugar un juego que ignoran y que perderán por necesidad porque carecen de los instrumentos más elementales para afrontar a los adversarios?

¡Días aciagos nos esperan a los mexicanos! Por mi parte, a mis hijos y a mis nietos les pido perdón, desde aquí y para siempre, por no haber sabido defender el patrimonio que nos legaron nuestros progenitores.

Rodolfo Menéndez.

Mérida, Yucatán, diciembre de 2013.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Reporte reciente del INHA, sobre Palenque.

El espacio se halla al interior del Templo XX de esa zona arqueológica de Chiapas; podría contener los restos del fundador de la dinastía a la que perteneció el gobernante maya Pakal


EQUIPO DEL INAH INGRESA A TUMBA REAL EN PALENQUE

Un equipo multidisciplinario del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) ingresó por vez primera a una cámara funeraria descubierta hace 13 años en Palenque, Chiapas, la cual podría contener los restos de uno de los primeros soberanos de esa antigua ciudad: K’uk Bahlam I, que ascendió al poder en 431 d.C., y fundó la dinastía a la que perteneció el célebre gobernante maya Pakal.

De 1,500 años de antigüedad aproximadamente, esta tumba real se encuentra en el interior del Templo XX de esa zona arqueológica, y es al menos dos siglos anterior al sepulcro de Pakal, descubierto hace 50 años en este mismo sitio por el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier.

Antes de que el grupo de especialistas lograra entrar a la cámara mortuoria el martes de la semana pasada, el lente de una diminuta videocámara había sido la única en captar su interior. La primera ocasión se dio en 1999, durante los trabajos del Instituto de Investigaciones de Arte Precolombino (PARI, por sus siglas en inglés), y la más reciente sucedió en junio de 2011, cuando el INAH circuló las primeras imágenes entre los medios de comunicación.

Arnoldo González Cruz —arqueólogo que en 1994 realizó el hallazgo de la tumba de la Reina Roja, también en Palenque—, es junto con el restaurador y arqueólogo, Rogelio Rivero Chong, responsable del proyecto para intervenir ahora el sepulcro del Templo XX, localizado en la Acrópolis Sur de este antiguo territorio que debió llamarse Lakamha o “Lugar de las Grandes Aguas”.

“Por las fechas —indicó Arnoldo González— estamos ante el nacimiento de la dinastía palencana, hacia el año 400 después de Cristo, porque podríamos estar hablando del recinto funerario de su fundador, aunque esto no deja de ser especulación en tanto no comencemos la exploración arqueológica. Incluso este espacio podría tratarse de una antecámara, pues no sabemos que hay más abajo”.

Sobre la superficie, en la que todavía no se observan restos óseos de algún personaje —aunque es muy probable que éstos se descubran una vez iniciadas las excavaciones—, se hallaron once vasijas y cerca de un centenar de pequeñas piezas, en su mayoría grandes cuentas de piedra verde, posiblemente jade, una especie de anillo y un colgante, además de pintura mural que decora el espacio funerario.

González Cruz, a cargo del Proyecto Arqueológico Palenque, relata que fue el proyecto del PARI, encabezado por los arqueólogos Merle Greene Robertson y Alfonso Morales, el que llevó a cabo el descubrimiento de la tumba del Templo XX; no obstante, la inestabilidad de la pirámide —de 18 m de altura— impidió su exploración y solo se habían obtenido imágenes a través de una cámara de video.

A diferencia de los aposentos funerarios de Pakal y de la Reina Roja, la cámara o antecámara del Templo XX no posee un sarcófago, por lo menos no hasta donde se ha explorado; pero sí pintura mural de vivas tonalidades rojas en sus tres costados, con representaciones de los Nueve Señores del Xibalbá, o el inframundo, mismos que aparecen, modelados en estuco, en la tumba del célebre gobernante maya.

Los murales muestran a dichos personajes míticos portando tocados, escudos y sandalias. “Lo importante de los recintos funerarios de esta época, el Clásico Temprano (400-550 d.C.), es la pintura; estamos ante uno de los pocos ejemplos de murales descubiertos en contextos funerarios de Palenque, de ahí la importancia del trabajo que estamos realizando”, puntualizó Arnoldo González.

Eso que solo se había podido ver en video, es lo que ahora observan directamente los ojos de arqueólogos, restauradores, químicos, arquitectos, fotógrafos, diseñadores gráficos, entre otros, más un equipo de trabajadores manuales —varios de la zona arqueológica—, reunidos para preservar en las mejores condiciones este espacio.

Aunque se trata de un grupo de casi 60 personas las que integran el equipo multidisciplinario, en el interior de la tumba únicamente pueden permanecer dos o tres personas que portan overoles de Tyvek (para evitar cualquier tipo de contaminación). Esto con el propósito de no alterar la humedad, así como la temperatura, que en el fondo es de 25° centígrados.

El espacio funerario —que se halla a 6 m de profundidad, con respecto a la parte superior del Templo XX— es abovedado y de planta rectangular, mide en promedio 3.40 m de largo, 1.43 de ancho y 2.50 de alto. Los integrantes del proyecto entran a esta cámara principal por una más pequeña que se localiza en su lado oeste; es decir, el espacio central se halla flanqueado por dos pequeñas cámaras.

Es a través de la cámara del oeste por donde se accede, y en ella los arqueólogos han encontrado algunos restos óseos, al parecer correspondientes a huesos largos, con un sinnúmero de pequeñas cuentas (de 3 a 4 mm) de jade y de concha Spondylus, lo que hace referencia a las redes de intercambio que Palenque ya tenía establecidas hacia 400 d.C., con regiones lejanas como el Valle de Motagua, en Guatemala, y el Pacífico.

Sin embargo, precisó el arqueólogo Arnoldo González, no se trata del primer hallazgo de un contexto mortuorio de esta temporalidad (450-550 d.C.). En los años 50, en el Templo XVIII-A (aledaño al XX), Alberto Ruz excavó un recinto muy similar: abovedado con muros pintados y un conducto tubular que comunicaba a la cámara funeraria con el templo superior, más el tipo de cerámica; asimismo, otro parecido se halla en el Templo Olvidado.

Aunque la riqueza de los materiales arqueológicos de la tumba del Templo XX es evidente, el arqueólogo Arnoldo González y el restaurador Rogelio Rivero Chong precisaron que éstos no serán explorados ni recuperados hasta estabilizar la pintura mural.

En este sentido, la restauradora Lilia Rivero Weber, titular de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, comentó que en 2008 se hizo una revisión del estado de conservación que tenía la pintura, a través de monitoreo y registro fotográfico, detectando que el insecto del comején estaba haciendo galerías dentro de la cripta y sobre los muros. Desde entonces se presentó un proyecto tendiente a atender estos efectos.

La especialista indicó que los primeros estudios de los murales revelan que una alta concentración de sulfuro de mercurio o cinabrio, un pigmento que fue muy estimado en Mesoamérica, lo que corrobora el carácter funerario de la cámara.

Otras de las acciones de conservación, fue la consolidación parcial del basamento piramidal y una nivelación de la plataforma del templo, efectuadas en 2010 por un equipo a cargo de la doctora Martha Cuevas.

Asimismo, para determinar los elementos químicos que componen los murales, también se trasladó al lugar el experto Javier Vázquez, de la Escuela Nacional de Conservación Restauración y Museografía.

Por su parte, Rogelio Rivero Chong, subdirector de Patrimonio Cultural de la CNCPC, abundó que las acciones emergentes para la preservación de los murales se prolongarán por tres semanas como mínimo, y consistirán en el fijado y consolidación de la capa pictórica, a la par de su registro gráfico y fotográfico.

Detalló que la cámara funeraria “no sólo contiene la pintura mural, porque en el umbral de la cámara oeste, por donde entramos, también hay fragmentos de un textil de color grisáceo que está adherido a una cornisa y procedimos a consolidarlo debido a la pulverulencia que presentaba.

“Mientras —añadió— en el acceso de la cámara principal, en las pinturas que se encuentran en las jambas, ya empezamos con labores de consolidación de aplanados, éstas implican resanes o ribetes de seguridad para evitar el colapso de los fragmentos de aplanado con pintura, y después se realiza una inyección de lechadas de cal”.

Posteriormente se hará el análisis microscópico y de la estratigrafía, para determinar la técnica que fue utilizada para crear estos murales, que tiene una base aplanado de cal sobre la que se pintó, tal vez los pigmentos que se aplicaron sobre esta superficie contenían un aglutinante a base de la goma de una planta local.

Para Rogelio Rivero, el ingreso a la tumba del Templo XX es resultado de trabajos previos en este edificio prehispánico, tanto por parte del PARI, como de profesionales del INAH, entre ellos la doctora Martha Cuevas, quien estuvo a cargo de la consolidación del basamento piramidal.

“Que hayan pasado trece años y tantos especialistas, nos compromete a realizar un trabajo cuidadoso y profesional, por todo ese esfuerzo que hubo antes para llegar a este momento, el ingreso a la cámara funeraria del Templo XX de Palenque”, finalizó.

jueves, 19 de abril de 2012

A propósito de libros… (El Filobiblión)

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"Para el hombre que razona, los libros son más estimables que las riquezas." Ricardo de Bury

Ricardo de Bury quien fue canciller de Inglaterra y obispo de Durham en el siglo XIV escribió su Filobiblión, un “muy hermoso tratado sobre el amor a los libros” que se volvió un clásico que todos deberíamos leer.

En él recomienda el “amor inmenso a los libros” y cómo estos deben ser comprados siempre, con algunas excepciones. Son los libros, dice de Bury en su escrito del año 1344, "un almacén de sabiduría, que supera todas las riquezas, y perpetuadores de memoria ... por eso merecen honra y amor".

Hoy quiero rescatar del Filobiblión una anécdota que conviene ser recordada en estos tiempos y lugares de poca y mala lectura: hace referencia de Bury a un relato de la antigüedad en el que una anciana desconocida fue a ver al rey Tarquino, séptimo rey de los romanos, para ofrecerle en venta nueve volúmenes que según ella contenían los oráculos divinos. Como el precio que pidiera por sus libros fuera verdaderamente exorbitante, el rey le contesta con desprecio que desvariaba. La anciana, irritada por la respuesta real, arrojó en el acto tres volúmenes al fuego, preguntándole al soberano si quería comprar los restantes seis libros…. al mismo precio que había pedido por los nueve. El rey se exalta y dice: “¡Mujer debes estar loca para pedirme eso! La desconocida, más irritada todavía, toma otros tres volúmenes y los avienta a las llamas voraces. Hecho esto encara al rey y le reitera su oferta invariable… por los tres volúmenes restantes. El soberano, estupefacto, se apresura a pagar el precio que le pide la mujer, dándose por satisfecho de obtener tres libros por lo que le hubiera costado la obra completa. La vieja entonces desaparece y nunca más se le vuelve a ver.

Los libros de los que hablamos son los llamados “sibilinos” que fueron consultados en la antigüedad como si fueran el oráculo divino.

La hábil vendedora no quería sino enseñar al orgulloso monarca que los libros sagrados de la divina sabiduría exceden en valor toda ponderación humana. “Valen tanto cuanto tienes”.

¿Habrá, yo pregunto, alguna profetisa contemporánea que le repita la faena a nuestro próximo monarca?

Rodolfo Menéndez,

Mérida, Yucatán, México.