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domingo, 1 de noviembre de 2015

A Yucatán!


¡YUCATÁN ! (189?)
Poema inédito de Rodolfo Menéndez de la Peña.
Tomado de los archivos familiares del autor en posesión de
su nieta  Elma Carrillo Menéndez.


De la América en el centro al mundo muestra su faz
una tierra primorosa como otra acaso no hay.
Su cielo es azul turquino, la besa apacible el mar,
viste el sol de esmeralda su campiña tropical.

Una tierra hospitalaria donde se miran al par,
el amor puro y ardiente, la dulce fraternidad.
Donde virtud y belleza en noble consorcio halláis,
y es la divisa de todos Trabajo, Progreso y Paz.

Donde Minerva levanta sus templos aquí y allá
Sobre los cuales tremola la bandera liberal.
Es la región más preciosa  del pintoresco Anáhuac
y tiene el augusto sello de una sabia antigüedad.

Es la tierra en que Dios premia la constancia y el afán,
donde el agave generoso mil por uno al hombre da.
Es la tierra que yo admiro que idolatro más y más,
donde tengo las raíces de mi universo moral.

Es la tierra prometida de quién por el mundo ¡ay!
sin patria, amigos ni amores, busca un cielo y un hogar.
En la ribera del golfo se yergue, atalaya audaz,
de ilustración y cultura, de grandeza y libertad.

No preguntéis por su nombre, porque cuántos la adoráis,
como yo diréis al punto: ¡Esa tierra es Yucatán!

RM

miércoles, 9 de julio de 2014

De la vida y sus desfalcos, por Humberto Repetto.

El próximo 11 de julio se cumplen once años  de la partida de Juan Duch Gary, voz que caló hondo en la literatura de Yucatán. Vivía en Coatzacoalcos cuando lo sorprendió ese momento definitivo, no del todo adaptado pero con el buen humor que siempre lo caracterizó, al ambiente sulfuroso de las factorías petroleras y a las caminatas por el “malecón costero”, algo diferentes de las del Paseo de Montejo y mucho más lejanas de Los Campos Elíseos, en los que habrá alumbrado algunos versos cuando estudiaba su posgrado.
Juan contaba que además de ser el lugar de partida de Quetzalcóatl, Coatzacoalcos  fue una vez para él una especie de Finisterra o fin del mundo, pues cuando estudiaba agronomía en Chapingo, el ferrocarril en el que regresaba de Mérida terminaba antes de llegar a esa ciudad y tenía que transbordar de cualquier manera una zona de colinas chiclosas y deslaves para continuar su viaje.
Por ello, cuando celebró por primera vez su cumpleaños en esos confines, hubo que felicitarlo así: “Pese a que pese el pesar /de la vida y sus desfalcos /te quiero felicitar /aunque estés en Coatzacoalcos”.
Lo recordamos con sus propias palabras, en el corazón de la amistad, resguardados con algo de ese tibio claustro del que habla en Fin de vuelo, poema escrito en francés y español en el que el poeta que Juan fue sobre todas las cosas trasciende suavemente los límites temporales:
Háganme bajo la arena de los mares,
un tibio claustro
para guardar los sueños
que en tardes de lluvia y de jazmines
me pueblan los cabellos y la frente.
Pongan junto al aceite
de alimentar la lámpara,
sobre el delicado fieltro
de recoger el polvo y los misterios,
una blanca porción de nube derribada
y un almidonado traje
con su largo bastón de caminante.
En un día de ráfaga y destello
regresaré de mi vuelo itinerante
y encontraré reunidos,
en mi amable reducto solitario,
los ingredientes de la fantasía
despiertos y agrupados.
Procuraré alentar su movimiento
sin ataduras de elipse planetaria,
con un soplo perpetuo.
Reduciré el camino de mis pasos
a la quietud admirable de los astros.
Y viviré la vida en algodones
sin piel, sin huesos y sin nervios.
Humberto Repetto
Escritor, Poeta, Perteneció al grupo literario Plateros.

lunes, 11 de enero de 2010

El Poema de mi Padre

Retrato0001
I. La Tierra
Tierra caliza, dura, en la que el agua,
para volver al mar, rompe su brecha
en lo profundo de la roca viva.
Cantera, pedregal del mundo,
cima de Atlántida: tus pájaros volando
mueren como de rayo por la sed.
Roca plana, sin cumbre, sin abismos,
que ni siquiera cicatriz de río.
Cada flor significa un heroísmo.
Tierra en la que no hay árboles gigantes
ni oasis perfumados, en que para
vivir se necesita ser muy hombre.
En que se come el corazón del hambre;
donde el que tiene sed araña rocas
y ya loco de sed bebe su sangre.
Roca mi cuna; roca su mortaja;
sabana seca, inhóspita, bravía,
en la que el pozo es el rey de la baraja.
Cuna de roca y ataúd de laja.
Mi páramo nativo sólo ansía
la fresca bendición de una tinaja.
Mi pueblo se alborota con la lluvia:
estremece sus pávidas espinas
con el galope del caballo de oros.
Sobre la pampa calcinada, yerta,
entre púas, parece -¡vida en puerta!-
que se salva el maizal.
Tierra de abnegación, pequeña y grande,
donde se quema el alma a fuego lento;
tierra del padre mío: Yucatán.
II. El Cielo.
Ese azul del azul de sus ojos
que dispuso la fiesta del iris
en mi clara niñez de bandido!…
Cielo de azul encendido,
- todo el cielo era de sol -.
Sol que llenó de luceros
la troje del corazón.
Corazón de bandolero
en aventuras de amor.
Amor mío: los luceros
me queman el corazón.
¡Ese azul del azul de sus ojos,
que dispuso la fiesta del iris
en mi clara niñez de bandido!…
III. El Flamboyán.
Un personaje y un milagro: llama
que se tupe de nidos y que canta:
eso es un flamboyán.
Árbol de hoguera; sin embargo sombra;
raíz que baja al corazón del mundo
para buscar la sangre del Mayab.
Ramazón de machetes y de auroras
teñidos con la sangre de los indios
que quieren libertad.
IV. Él
Padre, cazador de milanos:
¡cómo perseguían tus ojos azules
el rumbo de los pájaros al viento!
Tenías el instinto
de estudiar la mecánica del vuelo
y de hallar los orígenes del canto.
Padre y maestro, domador de potros,
ignorante de Hugo y de Verlaine
hiciste tu poema de nosotros.
Poema el de los ojos de mi madre,
de aquella linda madre que yo tuve,
terca en la gloria y el dolor del hijo.
Me llevabas, maestro pajarero,
a espiar en los árboles tus trampas.
En tu pecho latía el bosque entero.
Todo el pueblo era una pajarera
por ti. El campo estaba en casa.
Lo traías entre tus manos anchas.
Eras, para mi orgullo de muchacho
con el alma en los puños y en los labios,
dios generoso, sensitivo y macho.
V. Nosotros
Padre: ¿cómo es el pavo real?
- Es una cola hinchada de luceros:
- Mira que arrugado esta el mar.
- Padre: ¿y quién es Napoleón?
- Un hombrecito, así, pequeño
y grande cómo la humanidad.
Canicas, ojos bonitos,
primeros ojos que quise…
- ¿Por qué es rojo el cardenal?
- Un jilguero copetón
anidó en el flamboyán
y se quemó el corazón.
Tragaba alpiste de tu mano. Era,
sobre tu piel, un corazón de plumas
aprendiendo a cantar.
- Soñé con un papalote.
- Cuida tu sueño, hijo mío,
no vaya a romperse el hilo.
- ¡Todo lo que vuela es bueno?
- Hay dos ratones con alas:
el murciélago y el cura.
VI. Yo
Querías que fuera como tú: alma,
cuerpo de campo, árbol de ancha sombra…
¡Si la vida no quiso darnos agua!…
¡Ah!… ¡Si la tonta vida hubiera dado
para mi padre un poco más de tiempo,
yo no hubiera corrido descalzo
mi pequeño pregón por el pueblo,
ni me hubiera mordido en el alma
este perro dolor de los versos!…
Y no es que me arrepienta
del dolor prematuro.
Es que duele jugar con recuerdos.
¿Qué puede dar un huérfano
del que quiso las alas y los cantos
de los pájaros?
Si de repente siento
brotar del corazón alas y canto:
el dolor y la música del verso.
Padre:
Esta vida -la yegua que monto- se alebresta y me tira y la monto.
Pajarea, se me alza de manos, hunde, arisca, la testa potente y echa el signo brutal del corcovo.
Al notarla tremar de coraje, porque siente que hay charro en su lomo, la desangran mi espuela y mi cuarta.
Tras la doma triunfal que consigo, le compongo la crin del copete y le doy palmaditas al anca.
Y me voy en la vida -la yegua que tu me dejaste sin freno- la yegua que monto.
Padre:
De los chinchimbacales de tus trampas sale esta voz ungida de fervores: yo soy un sueño tuyo que te canta.
11 de enero, 2010.

martes, 30 de diciembre de 2008

A Izamal (Canto Agónico)

"...Por razones personales que resultan evidentes en su obra, Izamal representó para el poeta un punto existencial de partida y de retorno. Hacia 1980, casi al final de la cuenta de sus días inició -pensando en verso- lo que pudiera considerarse como una recapitulación, una explicación para sí mismo y para el mundo, de su vida y de sus luchas. Miguel Ángel Menéndez fue, en efecto, un político en el que ardía, sin compromisos, la llama de la Revolución Mexicana. Su vida dio testimonio de su vocación, no sólo por las letras sino también por la lucha política y social. "A Izamal", poema inconcluso, es suficiente para mostrarnos en toda su intensidad el amor del poeta por México, por su pueblo y sobretodo por Yucatán."

A IZAMAL...


Te hablo con la verdad: me gustaría
que en esta vez no se me hiciera nudo
de lágrimas la voz, ni tartamudo
el verso en que refiero mi agonía:
quiero dejar el corazón desnudo
en tu regazo, madre mía.
Tú mi madre, la tierra encadenada
que encadenada sigue siendo nido;
tú mi novia la mar enamorada
y tú, trabajador maya vencido
que todo diste sin pedirnos nada:
vedme partir del roquedal querido.
Quien me vio batallar quizá recuerde
que jamás transigí con los tiranos;
que perdí juventud como se pierde
la gota puesta al sol de los veranos;
que arengué multitudes a la verde
sombra de los laureles itzalanos.
Que recorrí tu sitibunda tierra,
que no hubo brecha ni rincón oculto
donde mi ruda voz no alzará guerra.
Jugué la vida contra el amo estulto
sin otro auxilio que la suerte perra,
sin otro credo que el agrario culto.
Todo te dí: brazo, peculio, canto,
amor y fe en la Patria, fiel entero;
te dí todos mis treintas, te di el llanto
cívico, que es el llanto verdadero...
y reclamé justicia mientras tanto
la justicia se daba por dinero... 

Para más de Miguel Ángel Menéndez, en este Blog

sábado, 1 de noviembre de 2008

CARTA A MI MADRE


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Foto de Ángel Ma. Romero


CARTA A MI MADRE
Publicada originalmente en “Otro Libro”, en 1932, Carta a mi Madre se volvió a publicar en la segunda edición de “El Rumbo de los Versos”, en 1936, y más tarde se incluyó de nuevo en la antología que se editó con el mismo nombre - “El Rumbo de los Versos”-, en 1993.





Diciembre de 1926
.
Madrecita linda:
.
Todos mis cariños se dispersan,
y todos mis rosales se deshojan,
y todas las fragancias se me alejan.
.
Sólo me quedas tú, piadosa y blanca,
como nombre de amor entre mis quejas,
como hilo de agua en el desierto,
como rosa de luz entre la selva…
.
Eres igual a un árbol cuya fronda
llena de nidos nos protege y canta.
.
Madrecita linda:
.
Tus lágrimas se han vuelto gemas;
deja que las engarce yo
en el hilo de oro de un poema
y hacer así un collar para tu amor.
.
Infancia:
.
El delantal atado a tus caderas,
tus manos espumosas de jabón
jabonando mi pecho de manera
que lavabas el propio corazón.
.
Corazón de muchacho pendenciero
que odiaba a cura y sacristán, y quiso
hacer de ellos aves de mal agüero
sin maternal permiso,
ganado seis azotes en el cuero.
.
¡Madrecita linda!...
¡Si te quiero mucho!...
¡No me pegues más!...
.
¡Muchachito lindo!...
¡Yo también te quiero!...
¡Déjame pegar!...
.
Y el diálogo a voces:
una de amenaza, otra de rogar,
terminaba siempre con beso y promesa
de eterna humildad.
.
¡Aroma de maíz recién molido!...
el humo de las viandas… ¡Mesa puesta!...
Mi madre tiene corazón de nido
y en él dormí, para soñar, la siesta.
.
Los pájaros, el agua, la lejía,
la ropa a componer, todo tenía
en su rutina gris una alegría…
.
Con el oro del sol que se ponía
troquelamos monedas deslumbrantes,
y en platino de luna que caía
montamos los diamantes
de tus mejores besos, madre mía,
dulce como la miel de los panales
y buena como el pan de cada día.
.
Tus manos eran hadas, nos vestían.
Tu plegaria era luz: nos alumbraba.
Y música tus besos: nos dormían
al calor del amor con que besaban.
.
El Colegio.
.
Ojiverde, ceñudo… Flaco… Gallo
de “troya”, “trompis”, “pútzes” y béisbol,
que puso “media luna” al “papagayo”,
soñando herir al sol,
.
y correteaba al tren ciego de humo,
furia en los ojos y guijarro en mano,
para volver, sangrante y taciturno,
por la fuga del tren y del guijarro.
.
¡Faroles de Izamal que me sirvieron
para afinar el tino de mi piedra!...
¡cristales que prendieron
sus pupilas opacas en la hiedra!...
.
1 más 2… 3 burros… X… Z…
La cruz del alfabeto que es aún
como agobio mortal… Y la palmeta…
Y el espanto… ¡Fuera de clase, tú!...
.
Me hiciste un traje igual al del muchacho rico
que un día, en clase, se alejó del banco
y me llamó “borrico”
porque iba remendado mi trajecito blanco…
.
¡Y esa otra vez!... ¡Al recordarla vibro!...
¡Como te pusiste a llorar
porque en casa no había para comprarme un libro
y porque no tenía yo ganas de estudiar!...
.
En el viejo cansancio pueblerino
balbucí mis primeras tonterías
en versos que enseñabas al vecino,
leías, me mirabas y reías…
.
Reías con no sé qué de venturoso
de plácido, de dulce, de amoroso,
mostrándome los dientes apretados
y blancos, blancos, blancos…
.
Con tu sonrisa limpia me alentabas,
madre siempre tan buena,
crucificada en tu sagrado nombre,
¡crucificada en la ilusión suprema
de ver un beso transformado en hombre!...
.
Mi juventud.
.
Probó mi labio el filo de la copa
y mi rumbosa juventud sensual
bebió sangre de amor en otra boca,
ciega de cielo, y loca, y pasional.
.
Amé el instinto de hacer el mal… La tropa
de juventud me hizo su general
porque no conocía la derrota
en el águila o sol de lo fatal.
.
Verlaine… Ovidio… Byron… Baudelaire…
Humo de ensueño… Formas de mujer…
¡Y de cada pecado hice una flor!...
Beber… Besar… Caer… De boca en boca,
De dolor en dolor, de roca en roca…
¡Pero pude salvar tu dulce amor!...
.
Ausencia.
.
En la ausencia aprendí que tu nombre
es el sol que deslumbra y asombra
los azules caminos del mar!...
.
Y aprendí que tu nombre es el ritmo
de todo cantar!...
.
Y aprendí que tu nombre es la clave
de la humanidad!...
.
Sendero y mar… Virtud y amor…
Aroma y luz… Estrella y flor…
¡Madrecita del alma, tú eres Dios!...
.
1927
.
Tu frente blanca y noble -mi nido de consejos-
y tu seno –mi punto de partida-
lívidos quedaron en la hora
en que estando ante ti, no me veías,
en que estabas ahí, y ya no estabas.
.
Arrodillado junto a ti, sediento
de la última palabra,
creyó mi pensamiento
mirar que tu alma blanca se elevaba:
¡Tus alas blancas al azul!...
.
Yo, que creía en el cielo
porque el cielo eras tú,
sentí que el cielo se cambiaba
de la tierra al azul…
.
¡Sentí que todo se quedaba muerto
porque todo eras tú!
¡sentí que todo se quedaba obscuro
porque tú eras la luz!...
.
Y yo, que soy un beso de tu labio
besé tu frente por decir adiós,
cual si hubiera querido defenderte
de todo lo inhumano: de la muerte
del destino, de Dios…
de todo lo que tuvo la fiereza
de tronchar este amor.
.
**
.
La Cruz, árbol que lleva veinte siglos
de abrir los brazos y esperar en vano
que resucite el símbolo,
parece florecer sobre el sepulcro
cuando arrodillo mi dolor y pienso
que el concepto de Dios murió contigo.
.
Postdata.
.
Si yo pudiera, madre, volvería
a mi polvoso pueblo solitario,
donde el arco voltaico es un milagro
que no revela el siglo todavía…
.
¡Volvería a mis cerros!... Volvería
al bravo henequenal que alza su espina
cual si esperara un día
clavarla ¡al fin! , en el azul del cielo…
para buscar, junto al brocal del pozo,
tus brazos espumosos de jabón,
y suavemente
darte mi corazón
para que lo lavaras nuevamente.


miércoles, 10 de septiembre de 2008

Te recuerdo: Fernando Espejo

"Nosotros nos quedamos un rato más aquí, con las palabras a medio balbucir, doliendo, en la garganta" (F.E. a Juan Duch) Así quedamos Fer.

A un año de tu partida te recuerdo con cariño mi Fer y a tu vieja casa me asomo para verte:

Un muro blanco, ciega arquitectura,
una tapia blanca sin puertas es mi casa;
a sus estancias sólo el tiempo pasa
y sólo a mis recuerdos, su estructura.
.
Mi nostalgia costura y descostura
la trama de mi infancia y su argamasa,
una ausencia baldía me traspasa
y la maleza arraiga en mi aventura.
.
¿Dónde acabó mi amor el más pequeño,
del que nunca pudiera sustraerme?
¿Quién será ahora de ese tiempo el dueño?
.
Nadie más allí habita, nadie duerme...
pero que sepan que yo en ella sueño
y en ella vivo, por si quieren verme.



Soneto tomado de
Inventario
Antología Personal de
Fernando Espejo.
(Para más... pinche aquí)

viernes, 11 de enero de 2008

Vendrá la aurora

Foto de Irene Duclay
Con esta entrada complemento el homenaje a Miguel Ángel Menéndez Reyes, en el 104 aniversario de su natalicio, con un soneto incluido en su obra La Imposible Paz y publicado en la más reciente edición de El Rumbo de los Versos, en 1993.

Si tu ala fuera contra viento oscuro
y en turbión se tornara el duro viento,
no quieras descender, alza el intento;
mientras más alto el vuelo, más seguro.
.
Si sobre ruda mar rompieras huella
y la mar con su furia te dañara,
amárrate al timón, dale la cara..
Imagínate un puerto y una estrella.
.
A tientas, rumbo a Dios, salva el abismo;
si no hay puente, sé puente de tí mismo;
la noche acabará, vendrá la aurora.
.
Vendrá la aurora necesariamente,
al fin mujer, para besar tu frente,
tus labios y tu mano vencedora.

Copilco, 1965, D.F.


miércoles, 9 de enero de 2008

Teoría del Naufragio

Pintura expresionista de Rolando Bracamontes
El 11 de enero de 2008 es el 104 aniversario del natalicio de Miguel Ángel Menéndez Reyes. Como homenaje, publico en esta bitácora su Teoría del Naufragio, Premiada con la Flor Natural de los Juegos Florales de Mazatlán en 1963.

TEORÍA DEL NAUFRAGIO
.
I
.
Náufrago en altamar, desnudo, solo,
sin carta de marear,
contra noche cerrada, viento loco,
navegar, navegar.
.
La sirena cantaba en el escollo
y navegué la ruta del cantar
sin ataduras ni remeros, solo,
igual que el primer hombre sobre el mar.
.
II
.
Al sesgo el alma contra viento amargo
corrí la curva ola del amor;
de tumbo en tumbo, corazón de barco,
y todo naufragó.
.Anudado en letargos,
sin ademán, sin voz, sin salvación,soy entre espumas el guión de algo
que vive todavía y que murió.
.
III
.
Sólo el aullido de los vientos lame
mi silencio feroz, en la frontera
del demonio y de dios
.
Muerde la noche y de la sombra salefantástico estertor, tal si dijeralo que me queda de canción.
.IV
.Burlo a la tempestad y en sus orillas
me detengo a cantar, Sirena en tanto
se viste con las olas amarillas.
.Cordial Apolo me propicia el canto,
mas irritado Poseidón me humilla
contra la mar, y lo transmuta en llanto.
.
V
.
He muerto tantas veces, que esta última
parece una aventura conocida:
es un ir, anudado con la dudade no volver al punto de partida.
.Viéndolo bien, nadie regresa ileso
de los sueños que sazonan la vida;
siempre hay algo que sangra en el regreso:
el beso estéril, la canción perdida. . ..
VI
.Si el alma -lo inmortal- es la semilla
que ha de volver a los divinos lares,
toma, Dios de los náufragos, la astillade luz con que floté sobre tus mares.
.
En tu homenaje arrojo por la quilla
de la barca a partir, en los lugaresamados de Carón, frágil arcillaque Sirena burló con sus cantares.
.
Viví con dignidad, destino rudo
hilado por las Parcas... Muerto, nudo,
a la deidad dispensadora pido:oro en flecha de Amor contra Sirena,para que sufra como yo la penade amar en vano, de morir de olvido.
.
Copilco, febrero, 1963.
.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Recordando a Fernando Espejo



El mes de septiembre que ya se nos va, y para siempre, nos trajo alegrías, pero también pesares. Fernando Espejo murió de pronto, así, "sin tomarnos en cuenta". Le rindo homenaje al amigo y al poeta. Al enorme poeta y al inmenso amigo le dedico este pequeño espacio en que quiero seguir su huella a través de sus poemas...

Nos dejaste tu decir Fernando y por él te recordaremos. Aquí estarás con tu optimismo hecho sonetos todavía entre nosotros, mientras nosotros seamos y aún, quizá, ojalá, después...



EL AMIGO

De ser a veces uno, me inoportuno,
ay, la soledad del hombre, soledades...
como si uno tuviera dos mitades
para estar conversando sin ninguno.

Desde niño jugué con un alguno,
-ah, que olor a jardín- mis amistades
eran entonces árbol de bondades
y con los frutos en la rama, uno.

La tarde ahora es cada vez más tarde,
uno es más uno, y cada vez te metes
a ser más viejo, y mucho más cobarde.

Será por eso que te busco amigo,
que he sacado de nuevo mis juguetes
para que vuelvas a jugar conmigo.


HOY

Hoy la mañana amaneció sonora.
El sol prendió la fiesta de su lumbre
y el corazón dejó su mansedumbre
sobre las campanadas de la hora.

Hoy mi ventana amaneció canora.
Se abrió la jaula de la pesadumbre
para la jacaranda y su costumbre
de estarse, nada más, llora que llora.

Baila la vida un baile de alegría
en todo cuanto miro y cuanto toco.
No entiendo esta ilusión alucinada.

Sólo sé que uno muere cada día,
-todos los días uno muere un poco-
pero hoy no he muerto casi nada.
...

Para más de Fernando Espejo pinche abajo:

sábado, 25 de agosto de 2007

Federico García Lorca. En el 71 aniversario de su muerte.


"La Poesía no quiere adeptos. Quiere amantes"

"Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política" Federico García Lorca, 1936.

Soneto de la Dulce Queja.

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

Federico García Lorca


Ocupados como estábamos, hace unos cuantos días, por la llegada de un monstruo, el huracán Dean, omitimos lo que al caso venía: el 71 aniversario del cobarde asesinato de otro monstruo, pero éste de las letras españolas, el autor de La Casa de Bernarda Alba. Recuperamos su espacio en la bitácora con este texto reciente publicado en El País, diario español, que refiere el momento de la muerte del poeta y reitera los nombres de los autores -el del más directo- de la infamia. Que siga constando ante la implacable historia. RMM.
.
El Verdugo de Lorca
.
No ha pasado a la historia por su figura pública en la Granada de preguerra, ni por ese vozarrón y esa labia populista que Dios le dio para arengar en los mítines de la CEDA. Tampoco por sus apodos, que oscilaban entre el "obrero amaestrado" del líder de su partido, Gil Robles, y el Joe Louis del Parlamento republicano, como el famoso boxeador negro. Esto último le vino por haberla emprendido a puñetazos con su adversario socialista, Félix Gordón Ordás, en un altercado que publicó el entonces ultraderechista Ideal de Granada. Ni siquiera es ni será relevante por haber hecho pinitos como teórico, más bien plano y abrupto, del pensamiento político al escribir su libro Corporativismo, que para el historiador Ian Gibson es una especie de Mi lucha del nacionalcatolicismo español más cerril.
Es improbable que Ramón Ruiz Alonso logre un hueco en la posteridad por nada de esto. Pero sí existe un rincón para él dentro de la crónica negra de la humanidad, ese lado oscuro que estigmatiza a todos aquellos que tropezaron alguna vez en su vida con la nobleza o la excelencia y la aniquilaron.
Ése es el caso de Ruiz Alonso, el responsable tal vez más directo de uno de los crímenes más salvajes y vergonzosos de la historia de España: el asesinato del poeta Federico García Lorca en 1936.
Para Ruiz Alonso, ni la vida, y mucho menos las cosas de su patria, tenían matices. Todo era blanco y negro. Cada enfrentamiento requería de una óptica implacable en la que vislumbrar a buenos y malos. La humanidad entera -algo que no iba más allá de España en su corta visión del mundo- era cosa de enemigos y aliados. Ese "estás conmigo o contra mí", tan frecuente. La concepción más estéril y maniquea de las cosas. El preludio de la barbarie. Así fue siempre este hombre alto, corpulento, de voz prominente, que trabajó como obrero tipográfico, fue esquirol en las huelgas, se casó con Magdalena Penella Silva y tuvo cuatro hijas, tres de ellas actrices: Emma Penella, Elisa Montés y Terele Pávez.
A él le acaba de dedicar su último libro Ian Gibson, aunque Ruiz Alonso ha sido ya uno de los personajes claves de obras anteriores. El hispanista de origen irlandés -y español desde 1984-, el biógrafo de Lorca más importante y de referencia mundial, concluye con esta nueva investigación, titulada El hombre que detuvo a García Lorca. Ramón Ruiz Alonso y la muerte del poeta (Aguilar), su labor por el mundo lorquiano. "Con esto se acabó", dice Gibson, en su casa de Lavapiés, en Madrid, cerrando ante quien le quiera oír más de cincuenta años de obsesión por el escritor de Granada fusilado en 1936.
Después de haber dedicado también su labor biográfica a Dalí o a Antonio Machado, a Cela o a Rubén Darío, se encuentra sumergido ahora en otra de sus pasiones, con las que también cierra uno de los tríos creativos más importantes de la España del siglo XX, Luis Buñuel. "Con Buñuel sé que no he salido de Lorca tampoco", admite Gibson, "pero de él, como protagonista y de la investigación de su muerte, es todo lo que tengo que aportar y, de verdad, me quedo muy aliviado".
No ha sido poco. Una biografía prominente en dos tomos (De Fuente Vaqueros a Nueva York y De Nueva York a Fuente Grande) y otros libros como Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, La represión nacionalista de Granaday la muerte de Federico García Lorca o Lorca y Dalí, el amor que no pudo ser son ejemplos de su dedicación lorquiana. Ha hecho las veces de crítico literario, de historiador paciente e investigador meticuloso; de cronista y también de detective. Una especie de agente histórico para un crimen.
Su vida cambió por completo cuando Gibson llegó con su mujer y su hija de apenas un año a Granada para investigar la figura del poeta. "Yo iba a hacer mi tesis sobre las raíces populares de la obra de Lorca, y todo el mundo me hablaba de su muerte. Ahí fue cuando todo empezó a dar un giro. De un día para otro me encontré investigando aquel monstruoso crimen". Ahora, con la certificación y las pruebas más contundentes, cierra, con este libro dedicado a quien para él es el responsable más directo de aquella muerte, casi toda una vida encomendada a esclarecer hechos que siguen siendo tabú. "Para mí es un alivio haber terminado con esto, y mandaré ahora todos mis papeles relativos a la muerte de Lorca a mi archivo en la Casa-Museo de Fuente Vaqueros", afirma.
La muerte de Lorca pesa aún sobre Granada como un fantasma aciago. Cada vez que Gibson regresa a la ciudad le llegan con un cuento nuevo. "Hace unos meses, un señor me paró en la calle y me dijo que estaba equivocado, que Lorca se encontraba enterrado no donde yo decía, sino en la cripta de la catedral. ¡Fíjate hasta dónde llega la cosa!", dice. Al poeta lo enterraron con sus compañeros de infortunio al lado de un olivo junto al camino de Víznar a Alfacar. Hoy el paraje se ha convertido en el parque Federico García Lorca, y el lugar exacto de la fosa está señalado con un plinto cuya inscripción recuerda a todas las víctimas de la Guerra Civil.
La familia Lorca no quiere exhumar los restos y se ha respetado su voluntad. Pero Gibson insiste en que sería lo más deseable. "Se aclararían muchas cosas y se ayudaría a terminar con un hecho traumático para la ciudad". La persona que enterró a Lorca, Manuel Castilla Blanco, condujo un día al investigador hasta el lugar. "Fue fascinante, ambos temblábamos porque era el año 1967 y estaba prohibido acercarse. Menos mal que esos terrenos fueron adquiridos por la Diputación Provincial de Granada en tiempos de UCD; si no, hoy habría una urbanización", comenta. Todo lo que apuntaba al suceso estaba velado por un halo de leyenda en la zona. Nadie quería señalar, hablar era difícil y lo es aún hoy. "Me revienta que la gente se calle lo que sabe", asegura Gibson, para quien aún queda mucho por esclarecer. El asesinato convirtió a Lorca en mártir universal, caído además junto a tres hombres más: un maestro de escuela, Dióscoro Galindo González, y los banderilleros de la CNT Francisco Galadí Melgar, El Colores, y Joaquín Arcollas Cabezas, alias Magarza.
Desde el principio, todos los dedos acusadores, pero ahogados en el silencio de una represión que comenzaba a ser salvaje, se dirigieron a las mismas personas. A un mes de la rebelión, en la noche del 17 al 18 de agosto de 1936, el poeta había sido asesinado, y con ese acto atroz, muchos comprendieron que la cruzada iba en serio.
Ruiz Alonso fue el claro instigador, pero tuvo aliados en el escuadrón que él formó, según testimonios de quienes lo integraron, como Manuel Luna, y también en los despachos. De su correligionario de Acción Popular, Luis García-Alix, al capitán Fernández; de los hermanos Roldán, de Asquerosa (hoy Valderrubio), en cuya familia se inspira parte de La casa de Bernarda Alba, a José Valdés Guzmán, el gobernador civil rebelde, "el usurpador", dice Gibson. Y sobre todo, otro militante de Acción Popular, Juan Luis Trescastro, abogado y terrateniente de Santa Fe, que fanfarroneó del crimen en público a las pocas horas: "Acabamos de matar a García Lorca. Yo le metí dos tiros por el culo, por maricón", contó haber oído el concejal republicano Ángel Saldaña, que presenció la escena en el bar La Pajarera.
Todos ellos pasarán a la historia como responsables con nombres y apellidos gracias a las investigaciones de Gibson y muchos otros, en un camino que comenzó Gerald Brenan ("el más grande", según el hispanista) en su peregrinación hasta el lugar de la ejecución. Lo cuenta el genial autor de Al sur de Granada y El laberinto español en su obra La faz de España. Es Brenan quien apunta por primera vez en el mundo anglosajón el nombre de Ruiz Alonso como máximo instigador, lo mismo que hizo Claude Couffon en un reportaje de Le Figaro Littéraire en 1951.
El asesinato de Calvo Sotelo y la rebelión de los militares habían cogido al poeta en Madrid. Estaba aterrorizado. Supo describir como nadie las corrientes ocultas de la violencia en sus dramas, pero no podía soportar el enfrentarse a ella. "Dice Buñuel que le aconsejó quedarse en Madrid, que era más seguro, pero él creyó que en Granada, en su casa, estaría más protegido", dice Gibson. Cogió un tren y se presentó en la Huerta de San Vicente, donde su familia pasaba el verano. Desde su llegada hasta el desenlace no hubo momento de tranquilidad. La represión en Granada fue especialmente cruda, y en ella, el papel de Ruiz Alonso fue muy relevante.
Según Gibson, cuando comenzó la guerra, el político ultraderechista acudió a la ciudad expresamente para participar en el caldo de violencia nacido de lo que él y otros habían azuzado. Un accidente de coche estuvo a punto de frenarle, pero sobrevivió. Nada parecía poder detener el destino negro para el que Ruiz Alonso hizo méritos. Era su momento de gloria tras haber fomentado el odio durante años en mítines, en artículos, en su escaño de las Cortes... La oportunidad de vengarse de la izquierda que tanto denostaba. Lorca fue objetivo prioritario. Su compromiso con la izquierda y sus referencias a la clase media granadina como "la peor burguesía de España" no le iban a salir baratas. Pero antes cayeron y fueron perseguidos otros, sobre todo dirigentes republicanos locales que hicieron sonar la señal de alarma en toda la zona y, por supuesto, en la familia Lorca.
Tanto, que el poeta tuvo que pedir ayuda a la familia Rosales, sobre todo a su amigo Luis, hermano de destacados falangistas granadinos, y poeta como él, que se consideraba discípulo suyo y que aceptó albergarlo en su casa -a 300 metros del Gobierno Civil- después de que ya hubiesen registrado su domicilio. Ni siquiera el poder de esa familia detuvo a Ruiz Alonso y su banda. Lorca quedó al cuidado de Esperanza, hermana de Luis, y ésta no pudo hacer nada cuando el mismo Ruiz Alonso se presentó en la casa para arrestarlo.
Esperanza llamó a sus hermanos, que acudieron a pedir explicaciones. Allí, delante del gobernador rebelde Valdés Guzmán, Luis dijo que se había presentado en su casa "un tal Ruiz Alonso", a quien sin duda conocía por la prensa, sin orden ni justificación alguna, a detener a su amigo. La intención del político ultra, además de acabar con Lorca, era hacer caer en desgracia a los Rosales, poderosos en la ciudad. Proteger rojos resultaba una ofensa de la que pocos escapaban. Pero la suerte estaba echada. Una vez en sus manos, poco cabía hacer para liberarlo. Ni siquiera el hecho de que los Rosales consiguieran una orden para sacarlo del calabozo. Gibson sostiene que Valdés Guzmán tuvo que saber con qué cartas jugaba y haber consultado a sus superiores la decisión final. ¿A quién? A Queipo de Llano, quizá el general más bestia del levantamiento.
Famoso por sus arengas desde Radio Sevilla incitando al asesinato, al vandalismo, Queipo de Llano era una máquina de aniquilar. "Sus discursos eran escalofriantes. Llegaba a decir que tal día, las tropas nacionales iban a tal pueblo con los moros y, entonces, las mujeres de los rojos iban a saber lo que es un hombre. O que por cada caído suyo matarían 10 del enemigo, y si no era suficiente, los enterrarían, desenterrarían y matarían de nuevo", relata Gibson. "Eran tan brutales que hasta los suyos, al verlas publicadas, las censuraban, se asustaban de las barbaridades". Fue Queipo quien dictó sentencia. Al ser preguntado por el caso Lorca, diría aquello de "A ése, café; mucho café". Es decir: matadlo.
La muerte de Lorca provocó revuelo internacional. A Franco le preguntaron sobre el tema en una entrevista y lo excusó como parte de esas cosas "descontroladas" que ocurren en todas las guerras. El cuñadísimo, Serrano Súñer, se lamentó de ello en una entrevista y acusó a Ruiz Alonso. Éste había ido cayendo en desgracia y siempre lo negó todo. Gibson lo entrevistó en 1967. "Hablé cuatro o cinco horas con él. Impresionaba su aspecto, era alto, y su voz... Negaba toda implicación en la denuncia, pero no el haber llevado a Lorca al Gobierno Civil; eso sí, obedeciendo órdenes", cuenta Gibson. "Se declaraba católico sincero, pacífico y hermano de sus semejantes, pero no podía controlar los arrebatos de ira. Le pregunté de todo. Le dije: 'Don Ramón, eso que ha escrito Jean-Louis Schonberg de que la muerte de Lorca se debió a un ajuste de cuentas entre homosexuales, y que usted era uno de ellos, ¿es verdad?'. Él se puso como una hidra y contestó: 'Dígale a ese Schonberg que me traiga aquí a su mujer y sus hijas, que va a ver qué clase de hombre soy".
Pese a que él negara haber denunciado al poeta, hay cargos que le implican y que aparecen en el nuevo libro de Gibson. El testimonio de José Rosales, hermano de Luis, por ejemplo, quien le dijo al investigador, días antes de morir y delante de testigos, que Ruiz Alonso había denunciado a Lorca. Como agente soviético y más cosas.
Lo que no ha sido posible conseguir es algún pliego de descargo sobre el hombre considerado máximo culpable. Gibson lo ha intentado. "Él dijo a un periodista granadino, Eduardo Molina Fajardo, que iba a dejar su versión de los hechos por escrito. He intentado saber si existe. He escrito a sus hijas para pedírselo, pero no han respondido. Más no puedo hacer", afirma. Para ellas siempre fue traumático abordar el tema. Más cuando alguna, como Terele, profesa un compromiso izquierdista.
Sobre el final de Ruiz Alonso poco se sabe. Se diluyó cual fantasma. Cuando murió Franco supo la que se le venía encima. Los periodistas empezaban a agobiarle con preguntas y decidió irse a EE UU. "Allí vivía su otra hija, Mari Juli, casada con un americano", asegura Gibson. Parece que murió hacia 1977. Sólo su familia sabe dónde está hoy enterrado.

Jesús Ruiz Mantilla, El Pais, 19.08.07
http://www.elpais.com/articulo/paginas/verdugo/Lorca/elpepusoceps/20070819elpepspag_6/Tes

viernes, 13 de julio de 2007

Gloria y Paz. Las dos hijas del rey.



Las dos hijas del rey que eran rivales
quisieron, por salir de su quebranto,
probar la fuerza de su mutuo encanto
en el cubil de los leones reales.

Gloria llegó. Trompetas y timbales
repitieron su nombre sacrosanto
y los leones del rey rugieron tanto
que a lo lejos temblaron los sauzales.

Sonriose la gente cortesana
al presentarse la princesa hermana.
Mas el asombro entró en los corazones,
cuando, afrontando la ironía aviesa,
atravesó la pálida princesa....
ante un vasto silencio de leones.

--
Autor: Leopoldo Lugones

Fotos: JCBelair y CBelair

Juli y Flor (¿Gloria y Paz, Paz y Gloria?)

viernes, 15 de junio de 2007

Un Mensaje...

Es cierto, no sé
qué decirte, pero
hoy quería decirte
algo. ¿Por qué? No lo
sé. Tal vez justamente
porque no sé qué decirte,
porque me siento solo, solo
y solo y ni siquiera triste, y que
no tengo razón ni para estar solo,
ni para estar triste y que afuera el
sol, meridiano, brilla, sin preocuparse
de lo que siento ni de lo que decir no puedo.
Este mensaje no tiene, por tanto, razón de ser
y convengo que de tu paciencia abuso. Ni siquiera
pretendo que se convierta en verso, lo que sería un
cómodo pretexto. Sólo quería, sólo, decirte algo sin
decirte nada, ni acaso un murmullo, ni siquiera un poema.
¡Este es, simplemente, un mensaje, así, para ti, para nada!

Charles Baudelaire
Traducción de Rodolfo Menéndez.

jueves, 8 de junio de 2006

Invitación...

INVITACION AL AMIGO EN SUS SESENTA

Por : Rodolfo Menéndez y Menéndez

Lo que pude yo haber dicho, dices tú hoy de la muerte.
Dices de la muerte lo que sientes, lo que siento.
Esta visión del camino del ocaso
Nos propone a los dos una aventura.

Nos coloca tomados de la mano,
No sólo porque pienso lo que piensas,
Sino porque siento lo que sientes.
Ya habremos de saberlo, falta poco,

Si la parca nos mira como a ella la miramos.
Si es así de ruda, o si es más dócil.
Ya habremos de saberlo, falta poco.

Yo te invito a que juntos recorramos
El trecho tan pequeño que nos falta
Para llegarnos al ocaso del camino.

R. Menéndez
Mérida Yuc., octubre 2002

lunes, 5 de junio de 2006

En el camino del ocaso...

Por: Juan Duch Gary

En el camino del ocaso
la muerte nos depara ausencias infranqueables.

Antes de ser, lo que se dice, viejos,
vemos seguido nuestra propia muerte
entre los sueños, la acariciamos despiertos,
platicamos con ella, la cercamos,
pensamos en los tonos grisáceos de su rostro,
en las amarillentas costras de sus manos,
en sus uñas verdosas, en su cabello hirsuto,
en el vacío profundo de sus ojos sin fondo,
en la clave sin huella de sus pasos sin tiempo.

A veces, consideramos la muerte
de alguien muy querido y nos imaginamos
cómo enfrentó la soledad de ese momento
en que el hombre está a un paso de no serlo
y sin embargo sigue siéndolo.

Cómo vivió el suceso que no tiene sucesión
sino pasado. Con qué mirada miró
la magnitud del cóncavo universo sin luz
que lo esperaba.

A veces, pensamos en la muerte que ronda
nuestra ruta y alcanza, al azar, a algún amigo.
Lloramos, rabiamos, blasfemamos
en contra del destino. Y el vivir sin embargo
nos va dando consuelo, lentamente,
sin prisa y sin descanso.

A veces estamos más solos que el ocaso.
Pero en la edad de la entereza,
en esta edad incontenible
que aplaca nuestras fuerzas
y nos irradia calma, placidez, mesura.
En esta edad del conformismo sin contornos,
de la radiante lucidez sin sueño.

En esta edad de todas las edades,
tendemos a mirar hacia adelante
y poco a poco vemos, constatamos,
cómo se desvanecen las figuras
que marchaban abriéndonos camino,
abriendo los postigos del tiempo ante nosotros,
haciéndonos más fácil el trayecto.

Cómo se van diezmando los abuelos,
los viejos, los ancestros.
Cómo sus cuerpos se fueron transformando
en pensamientos, en sueños, en recuerdos
arrinconados en el último cajón de la memoria,
dispuestos a seguir por siempre a nuestro lado.

Cómo sus espíritus se volvieron palabras, enseñanzas.
Cómo sus personas se nos convirtieron
en símbolos, espejos, arquetipos.
Cómo sus nombres se nos volvieron huertos.

Es el momento justo en que la muerte,
ya sin pudor, sin miedos ni misterios,
nos muestra el transcurrir de las ausencias,
la perspectiva de la concavidad sin término.

Y poco a poco vemos, constatamos,
que vamos quedándonos muy solos.
Más solos que el ocaso. Más solos
que el mar dormido en sus costados.
Y entonces nos invade la nostalgia.

Y entonces nos invade la nostalgia.

Coatzacoalcos, Veracruz, octubre de 2002