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domingo, 16 de septiembre de 2012

Reporte reciente del INHA, sobre Palenque.

El espacio se halla al interior del Templo XX de esa zona arqueológica de Chiapas; podría contener los restos del fundador de la dinastía a la que perteneció el gobernante maya Pakal


EQUIPO DEL INAH INGRESA A TUMBA REAL EN PALENQUE

Un equipo multidisciplinario del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) ingresó por vez primera a una cámara funeraria descubierta hace 13 años en Palenque, Chiapas, la cual podría contener los restos de uno de los primeros soberanos de esa antigua ciudad: K’uk Bahlam I, que ascendió al poder en 431 d.C., y fundó la dinastía a la que perteneció el célebre gobernante maya Pakal.

De 1,500 años de antigüedad aproximadamente, esta tumba real se encuentra en el interior del Templo XX de esa zona arqueológica, y es al menos dos siglos anterior al sepulcro de Pakal, descubierto hace 50 años en este mismo sitio por el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier.

Antes de que el grupo de especialistas lograra entrar a la cámara mortuoria el martes de la semana pasada, el lente de una diminuta videocámara había sido la única en captar su interior. La primera ocasión se dio en 1999, durante los trabajos del Instituto de Investigaciones de Arte Precolombino (PARI, por sus siglas en inglés), y la más reciente sucedió en junio de 2011, cuando el INAH circuló las primeras imágenes entre los medios de comunicación.

Arnoldo González Cruz —arqueólogo que en 1994 realizó el hallazgo de la tumba de la Reina Roja, también en Palenque—, es junto con el restaurador y arqueólogo, Rogelio Rivero Chong, responsable del proyecto para intervenir ahora el sepulcro del Templo XX, localizado en la Acrópolis Sur de este antiguo territorio que debió llamarse Lakamha o “Lugar de las Grandes Aguas”.

“Por las fechas —indicó Arnoldo González— estamos ante el nacimiento de la dinastía palencana, hacia el año 400 después de Cristo, porque podríamos estar hablando del recinto funerario de su fundador, aunque esto no deja de ser especulación en tanto no comencemos la exploración arqueológica. Incluso este espacio podría tratarse de una antecámara, pues no sabemos que hay más abajo”.

Sobre la superficie, en la que todavía no se observan restos óseos de algún personaje —aunque es muy probable que éstos se descubran una vez iniciadas las excavaciones—, se hallaron once vasijas y cerca de un centenar de pequeñas piezas, en su mayoría grandes cuentas de piedra verde, posiblemente jade, una especie de anillo y un colgante, además de pintura mural que decora el espacio funerario.

González Cruz, a cargo del Proyecto Arqueológico Palenque, relata que fue el proyecto del PARI, encabezado por los arqueólogos Merle Greene Robertson y Alfonso Morales, el que llevó a cabo el descubrimiento de la tumba del Templo XX; no obstante, la inestabilidad de la pirámide —de 18 m de altura— impidió su exploración y solo se habían obtenido imágenes a través de una cámara de video.

A diferencia de los aposentos funerarios de Pakal y de la Reina Roja, la cámara o antecámara del Templo XX no posee un sarcófago, por lo menos no hasta donde se ha explorado; pero sí pintura mural de vivas tonalidades rojas en sus tres costados, con representaciones de los Nueve Señores del Xibalbá, o el inframundo, mismos que aparecen, modelados en estuco, en la tumba del célebre gobernante maya.

Los murales muestran a dichos personajes míticos portando tocados, escudos y sandalias. “Lo importante de los recintos funerarios de esta época, el Clásico Temprano (400-550 d.C.), es la pintura; estamos ante uno de los pocos ejemplos de murales descubiertos en contextos funerarios de Palenque, de ahí la importancia del trabajo que estamos realizando”, puntualizó Arnoldo González.

Eso que solo se había podido ver en video, es lo que ahora observan directamente los ojos de arqueólogos, restauradores, químicos, arquitectos, fotógrafos, diseñadores gráficos, entre otros, más un equipo de trabajadores manuales —varios de la zona arqueológica—, reunidos para preservar en las mejores condiciones este espacio.

Aunque se trata de un grupo de casi 60 personas las que integran el equipo multidisciplinario, en el interior de la tumba únicamente pueden permanecer dos o tres personas que portan overoles de Tyvek (para evitar cualquier tipo de contaminación). Esto con el propósito de no alterar la humedad, así como la temperatura, que en el fondo es de 25° centígrados.

El espacio funerario —que se halla a 6 m de profundidad, con respecto a la parte superior del Templo XX— es abovedado y de planta rectangular, mide en promedio 3.40 m de largo, 1.43 de ancho y 2.50 de alto. Los integrantes del proyecto entran a esta cámara principal por una más pequeña que se localiza en su lado oeste; es decir, el espacio central se halla flanqueado por dos pequeñas cámaras.

Es a través de la cámara del oeste por donde se accede, y en ella los arqueólogos han encontrado algunos restos óseos, al parecer correspondientes a huesos largos, con un sinnúmero de pequeñas cuentas (de 3 a 4 mm) de jade y de concha Spondylus, lo que hace referencia a las redes de intercambio que Palenque ya tenía establecidas hacia 400 d.C., con regiones lejanas como el Valle de Motagua, en Guatemala, y el Pacífico.

Sin embargo, precisó el arqueólogo Arnoldo González, no se trata del primer hallazgo de un contexto mortuorio de esta temporalidad (450-550 d.C.). En los años 50, en el Templo XVIII-A (aledaño al XX), Alberto Ruz excavó un recinto muy similar: abovedado con muros pintados y un conducto tubular que comunicaba a la cámara funeraria con el templo superior, más el tipo de cerámica; asimismo, otro parecido se halla en el Templo Olvidado.

Aunque la riqueza de los materiales arqueológicos de la tumba del Templo XX es evidente, el arqueólogo Arnoldo González y el restaurador Rogelio Rivero Chong precisaron que éstos no serán explorados ni recuperados hasta estabilizar la pintura mural.

En este sentido, la restauradora Lilia Rivero Weber, titular de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, comentó que en 2008 se hizo una revisión del estado de conservación que tenía la pintura, a través de monitoreo y registro fotográfico, detectando que el insecto del comején estaba haciendo galerías dentro de la cripta y sobre los muros. Desde entonces se presentó un proyecto tendiente a atender estos efectos.

La especialista indicó que los primeros estudios de los murales revelan que una alta concentración de sulfuro de mercurio o cinabrio, un pigmento que fue muy estimado en Mesoamérica, lo que corrobora el carácter funerario de la cámara.

Otras de las acciones de conservación, fue la consolidación parcial del basamento piramidal y una nivelación de la plataforma del templo, efectuadas en 2010 por un equipo a cargo de la doctora Martha Cuevas.

Asimismo, para determinar los elementos químicos que componen los murales, también se trasladó al lugar el experto Javier Vázquez, de la Escuela Nacional de Conservación Restauración y Museografía.

Por su parte, Rogelio Rivero Chong, subdirector de Patrimonio Cultural de la CNCPC, abundó que las acciones emergentes para la preservación de los murales se prolongarán por tres semanas como mínimo, y consistirán en el fijado y consolidación de la capa pictórica, a la par de su registro gráfico y fotográfico.

Detalló que la cámara funeraria “no sólo contiene la pintura mural, porque en el umbral de la cámara oeste, por donde entramos, también hay fragmentos de un textil de color grisáceo que está adherido a una cornisa y procedimos a consolidarlo debido a la pulverulencia que presentaba.

“Mientras —añadió— en el acceso de la cámara principal, en las pinturas que se encuentran en las jambas, ya empezamos con labores de consolidación de aplanados, éstas implican resanes o ribetes de seguridad para evitar el colapso de los fragmentos de aplanado con pintura, y después se realiza una inyección de lechadas de cal”.

Posteriormente se hará el análisis microscópico y de la estratigrafía, para determinar la técnica que fue utilizada para crear estos murales, que tiene una base aplanado de cal sobre la que se pintó, tal vez los pigmentos que se aplicaron sobre esta superficie contenían un aglutinante a base de la goma de una planta local.

Para Rogelio Rivero, el ingreso a la tumba del Templo XX es resultado de trabajos previos en este edificio prehispánico, tanto por parte del PARI, como de profesionales del INAH, entre ellos la doctora Martha Cuevas, quien estuvo a cargo de la consolidación del basamento piramidal.

“Que hayan pasado trece años y tantos especialistas, nos compromete a realizar un trabajo cuidadoso y profesional, por todo ese esfuerzo que hubo antes para llegar a este momento, el ingreso a la cámara funeraria del Templo XX de Palenque”, finalizó.

lunes, 12 de julio de 2010

Toniná, Chiapas. Los mayas del clásico.

Toniná acrópolisFotografía tomada de Art Knowledge news.

La restauración conducida por especialistas del INAH en la porción norte del yacimiento arqueológico de Toniná en Chiapas, permite confirmar la impresión de que estas construcciones son de las más extraordinarias de Mesoamérica, sólo comparables con Tikal y El Mirador en Guatemala.

Se ha podido determinar que la altura de la acrópolis es de 75 metros de altura, conteniendo diversas estructuras y terraplenes artificiales. Como medida de comparación, la Pirámide del Sol en Teotihuacán tiene 65 metros de altura.

El Dr. Carlos Pallán Gayol, responsable del Centro Jeroglífico e Iconográfico que colabora en la excavación de Toniná, ha anunciado recientemente los importantes avances de la exploración. “Toniná es más grande de lo que pensábamos. Las pirámides están conectadas entre sí por caminos localizados en la parte superior, lo que significa que no sólo el montículo en donde está la Acrópolis fue usado para fines de construcción…”

Hay otras pirámides, terrazas y estructuras diversas, interconectadas entre sí que permiten establecer que el sitio, en su conjunto, tiene continuidad arquitectónica en una superficie del orden de la 10 o 12 hectáreas (dos veces el área que corresponde a la porción sur de la Acrópolis).

En la actualidad, un grupo de estudiantes de post-grado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, está creando un mapa en 3D que registra los hallazgos más recientes de las estructuras ubicadas en el noreste del yacimiento, considerando sus dimensiones y los caminos de interconexión. Este trabajo forma parte de los cursos impartidos por el epigrafista Pallán en la ENAH.

Toniná estela.La estela cuya imagen se muestra, tiene más de 2000 años de antigüedad y representa a las divinidades creadoras del universo. Se trata de una de las piezas más emblemáticas del salón Maya del Museo de Antropología e Historia (MNA) en donde se mostrará próximamente una vez que la porción correspondiente a la mano que falta le sea reintegrada. Al entrar a la sala Maya del museo, esta pieza encontrada en Toniná y que representa a los gemelos divinos mencionados en el Popol Vuh, da la bienvenida a los visitantes. Se hace necesario revisitar el museo ahora que estos hallazgos en Toniná refrendan la importancia y el esplendor de este sitio extraordinario de la época pre-Clásica y Clásica de la cultura Maya.

(Los textos han sido libremente traducidos por el editor del Blog de Art Knowledge News)

domingo, 30 de mayo de 2010

Más sobre los mayas.

MEXICO CITY.- A scientific team discovered inside a pyramid the tomb of a dignitary that may be the earliest in Mesoamerica. It was located in Chiapa de Corzo Archaeological Zone, in Chiapas; preliminary stud Foto tomada de Art Knowledge News

Recientemente un grupo de investigadores del Instituto de Antropología e Historia, la Universidad norteamericana de Brigham (Young) y del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, hicieron un hallazgo que a la vez de importante resulta de gran interés no sólo para la comunidad científica sino también para todos los interesados en la Cultura Maya.

En el proyecto de exploración de un yacimiento arqueológico en Chiapa de Corzo, en el estado de Chiapas, México, se ha descubierto, en una pirámide, la tumba de un dignatario maya cuya antigüedad se ha estimado en 2700 años aproximadamente. Restos óseos de cuatro personas, dos de los cuales ricamente ataviados con pedacería de jade y perlas, junto con utensilios de cerámica y otros objetos atesorables en su época fueron encontrados en el sitio, de origen Zoque.

De acuerdo a los investigadores la importancia de los hallazgos reside en que permitirá ajustar las cronologías del desarrollo maya y olmeca y facilitar la confirmación de que la utilización de pirámides, como precintos funerarios, es de fechas anteriores a lo normalmente aceptado por los científicos.

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Este proyecto arqueológico en Chiapas es financiado por el gobierno de México a través del INAH y por la universidad citada por medio de la New World Archaeological Foundation, la National Geographic Society, la Comisión J. William Fulbright-García Robles y otros fondos privados.

Con base en los materiales de cerámica encontrados en el lugar, la fecha preliminar de la tumba ha sido establecida en el periodo Pre-Clásico medio, entre el 700 y el 500 AC., información que deberá ser corroborada por los métodos del carbono 14 y mediante pruebas de DNA.

Traducción de la fuente por el editor del Blog.

domingo, 2 de septiembre de 2007

¿Cómo se alimentaron las multitudes mayas?

¿Cómo resolvieron la cuestión alimentaria los Mayas en las grandes concentraciones de pobalción que llegaron a tener como Tikal, Copán, Calakmul, Palenque (aquí arriba) durante el apogeo de lo que se denomina el período clásico, del siglo 300 al 900 DC? Foto de C. Belair.

Por Rodolfo Menéndez y Menéndez.

Hace unos días el New York Times publicó una nota muy sugerente del periodista John Noble Wilford, respecto de cómo lograron los mayas alimentar a su población en la cúspide de su evolución, durante el primer milenio de la era cristiana. Refiere la nota que ésta es una de las preguntas más insistentes que se hacen los arqueólogos y en general los estudiosos de esa civilización mesoamericana. Tiene lógica la pregunta a la luz de los más recientes estimados de la enorme densidad poblacional que llegó a alcanzar el pueblo maya en el curso de los tres mil años que perduró hasta antes de la llegada de los españoles a finales del siglo XV, época en la cual su demografía había ya decaído tan substancial como misteriosamente.
Los especialistas, dice la nota periodística, creen ahora que los mayas cultivaron algo más que maíz, frijol y calabaza, y en mayor escala, a fin de que sus cultivos fueran suficientes para alimentar verdaderas multitudes. Tratando de resolver el aparente enigma, han encontrado un vegetal sospechoso de permitir tal posibilidad: la manioca, también conocido como casava, mendioca o yuca en el lenguaje más común en el sureste de México. Se trata de un antiguo cultivo, todavía común en el trópico americano, desde el norte del Brasil hasta la región de Chiapas y Tabasco, en México y las islas del Caribe, particularmente en Cuba en donde es parte integral de la cocina cotidiana.
La planta, de alta productividad agrícola, tiene gruesas raíces de tubérculo con un alto contenido de carbohidratos en la forma de almidón comestible, muy utilizado también en la elaboración de adhesivos naturales de gran utilidad doméstica. Este contenido energético aún usado con frecuencia en guisos populares de la población indígena, sobretodo en el istmo americano y en Sudamérica, habría sido, conforme a la hipótesis, un fuerte aporte alimentario en la dieta del numeroso pueblo maya.
Sin embargo, tanto los arqueólogos como los paleo-botánicos que han venido estudiando la cuestión, no habían podido encontrar la evidencia científica que diera apoyo a la suposición del importante papel de la yuca en la dieta maya. Finalmente ahora, con un descubrimiento afortunado durante este mismo verano, científicos de la Universidad de Colorado, durante una excavación en la pequeña población de Cerén, 32 kilómetros al noroeste de San Salvador, han encontrado vestigios de un sembradío de yuca cultivado hace 1400 años al que se le considera ser la evidencia más antigua de la domesticación de esta rica fuente energética de consumo humano en el continente americano.
Al parecer esta evidencia fue preservada gracias a la erupción de un volcán en esa región de la hoy República de El Salvador -caracterizada por su intensa actividad volcánica- que habría cubierto de ceniza y lava las edificaciones de Cerén, junto con los artefactos usados por su población así como una área agrícola con sus cultivos de yuca.
“Este sembradío fue una suerte para nosotros” dice según la nota el Profesor Sheets, de la Universidad de Colorado. “La enorme productividad de la manioca puede ayudar a explicar cómo se soportó la gran densidad de población maya durante el período clásico en sitios del tamaño de Tikal en Guatemala o Copán en Honduras”.
En investigaciones arqueológicas previas en el mismo lugar sólo se había encontrado algunas plantas de yuca en huertos caseros pequeños, llegándose a pensar que el tubérculo había sido una porción menor de la dieta de los mayas.
“Qué equivocados estábamos” comenta el Profesor Sheets. Hace unos cuantos años, en 1996 una antología publicada por expertos sobre la agricultura maya hacía sólo una mención a la yuca diciendo que el papel del producto en la dieta maya era desconocido.
El equipo de trabajo del Dr. Sheets utilizó un radar que penetra en el suelo, perforadoras y pocetas de prueba, para descubrir las filas de la plantación de yuca a más de 3 metros de profundidad. Los huecos dejados por el tubérculo degradado por el tiempo fueron llenados con material plástico del que se usa para las cavidades dentales y posteriormente identificados como raíces de yuca. La planta crece hasta cerca de dos metros y sus raíces pueden alcanzar hasta casi un metro de largo. Usualmente los tubérculos son molidos para preparar una harina con alto contenido de carbohidratos pudiendo también comérseles como si tratara de una papa o patata. Ahora, los investigadores de la Universidad de Colorado trabajan con científicos del Instituto Smithsoniano para desarrollar técnicas que permitan detectar granos de almidón como los de la yuca en el suelo de las ruinas de los pueblos precolombinos. No quieren, bajo ninguna circunstancia, concluye el artículo del NYT, encontrarse con la novedad de que Cerén fue un caso único en el cultivo de la yuca.

La región donde los mayas desarrollaron la más alta densidad de población y donde vivieron millones de ellos a lo largo de tres milenios para después declinar -que no desaparecer- significativamente antes de la llegada de los españoles en las postrimerías del siglo XV.